Las tertulias en los parques, las visitas de los domingos a los familiares, las diligencias médicas, entre otras actividades salieron de la rutina de cientos de adultos mayores que ahora están confinados. (Lea aquí: ¿Cómo afrontar la salud mental en medio de una ‘nueva normalidad’?)
Pese a que el aislamiento es impuesto a todos los ciudadanos, nuestros padres, tíos y abuelos son más vulnerables a presentar cuadros de depresión por ciertas enfermedades de base, que podrían empeorar si se afecta la salud emocional. Es una cadena de padecimientos que pone en riesgo su vida.
“Los adultos mayores con enfermedades como las cardiopatías presentan tasas más elevadas de depresión que quienes no padecen problemas médicos; la coexistencia de depresión no tratada y cardiopatía en una persona mayor puede empeorar esta última”, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Aunado a esto, en la edad adulta se afrontan ciertas dificultades como la incapacidad de vivir independientemente por problemas de movilidad, dolor crónico o fragilidad; se afronta el dolor por la muerte de uno o varios seres queridos y el descenso del nivel socioeconómico como consecuencia de la jubilación. Anota la OMS que “todos estos factores pueden ocasionarles aislamiento, pérdida de la independencia, soledad y angustia”.
De acuerdo con datos de la Organización Panamericana de Salud, uno de cada cuatro adultos mayores experimenta algún tipo de desorden mental, como depresión, ansiedad o demencia, siendo la depresión la más común. Los mayores de 85 años tienen las tasas de suicidio más altas entre los grupos etarios y dos tercios de los adultos mayores con problemas mentales no reciben el tratamiento que necesitan.
Las señales
Los familiares de los adultos mayores deben estar atentos a ciertos cambios negativos a nivel de pensamientos, emociones y comportamientos, así como la frecuencia e intensidad de estos, según la psicóloga clínica Liliana Pinedo Cruz.
“Pueden expresar quejas de soledad o abandono como ‘se han olvidado de mí’, ‘no me llaman’, ‘no me visitan’; ideas de desamor ‘nadie me quiere’; ideas de minusvalía ‘ya no le sirvo a nadie’, ‘no sirvo para nada’ ; ideas catastróficas ‘me quiero morir’, ‘ojalá me dé una enfermedad grave’, indica la especialista.
Emociones como irritabilidad, ganas de llorar, estados de enojos e ira, y tristeza profunda, también son señales de alteraciones mentales siempre y cuando sean reiterativas y no pasajeras. Esto es clave.
Los adultos mayores con depresión o ansiedad también suele comer menos y dormir más.
Busque apoyo profesional
Si bien es cierto que el apoyo de la familia es fundamental para el bienestar de cualquiera de sus miembros, en caso de detectar signos de quebrantos en la salud mental no dude en acudir a los especialistas en psiquiatría y psicología clínica. Recuerde que en estos casos, la vida de su familiar está en riesgo. (Lea aquí: Los adultos se resisten a ir al psicólogo)
“Estas dos disciplinas son importantes como intervención multidisciplinaria, dado a que aún se manejan estigmas y prejuicios sociales que se convierten en ideas o creencias limitantes en la búsqueda de ayuda y resolución de problemas, evadiendo o evitando la consulta”, afirma Pinedo Cruz y señala que el apoyo espiritual también es esencial para afrontar estos padecimientos.
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Además del apoyo emocional, la familia de los adultos mayores puede emplear ciertas estrategias para mantenerlo motivado en medio de la crisis, algunas de ellas son:
• Brindarle acceso a apoyo terapéutico.
• Ayudarlo a mantenerse en contactos con familiares y amigos a través de llamadas o videollamadas.
• Hacer pequeñas rutinas de ejercicio para mejorar la producción de la serotonina y mantenerse activo desde casa. Bailar o caminar son excelente opciones.
• Vigilar que su dieta es saludable.