Construcción


Conjuntos residenciales: pros y contras para tener en cuenta

Si está considerando mudarse a un complejo de apartamentos, primero debe tener claridad sobre el reglamento interno y sus obligaciones con el resto de la comunidad.

MARTÍN CARVAJAL CHAMORRO

16 de septiembre de 2020 12:00 AM

“Entre todos tenemos lo que solos no podemos. La base de la propiedad horizontal, como lo dice la Ley 675 del 2001, es la solidaridad. Los propietarios sostienen, entre todos, la calidad de vida que quieren tener”, explica Victoria Rosales Ruiz, abogada especializada en derecho administrativo y miembro de la mesa de propiedad horizontal de Cartagena.

Si a usted le interesa vivir en una torre de apartamentos, debe tener siempre ese principio. Por mucho que desee una buena vista, seguridad o tener una piscina sin ir a un centro recreacional, todo dependerá de qué tan dispuesto esté a contribuir con la vida en grupo y a confrontar las malas prácticas de sus vecinos. (Lea aquí: El insulto de una mujer a sus vecinos que se volvió tendencia en redes).

Lo bueno

El primer factor a considerar es la cuota de administración. A la larga, las principales ventajas de los conjuntos residenciales no radican en beneficios económicos, sino en los derechos y los provechos que obtiene a cambio de dicho pago, como el goce de utilizar las zonas comunes y determinados servicios, particularmente el de vigilancia y aseo.

“Si usted hiciera un sondeo sobre las razones por las que los ciudadanos escogen vivir en una propiedad horizontal, la seguridad probablemente sería la más común”, afirma Shirlis Baza Castro, una administradora de este tipo de bienes con seis años de experiencia en el sector. En efecto, la presencia de vigilantes, cámaras, mecanismos para restringir el paso de personas hacia la propiedad y crear espacios de socialización libres de peligros son los alicientes de más peso a la hora de decidirse por un conjunto residencial.

En segundo lugar, están las ya mencionadas zonas comunes o amenidades del conjunto. Su número y tipo varían de acuerdo al enfoque del proyecto y la cuota que paguen los copropietarios, pero pueden incluir “parqueaderos amplios, zonas verdes, guarderías, piscinas, gimnasios, salones de eventos, sitios de recreación infantil e incluso minimercados”, comenta la abogada Victoria Rosales. Estos son lujos a los que muchas familias no podrían acceder viviendo solas, pero se vuelven posibles en una copropiedad y representan un ahorro en asuntos como transportes y suscripciones.

Otra ventaja radica en que, debido a su relativa abundancia, es fácil encontrar uno con buena ubicación respecto de hospitales, supermercados, oficinas públicas y demás. Por último, Rosales señala que los conjuntos son una buena opción para personas de la tercera edad que han enviudado o se mantuvieron solteras. “Muchos afirman que el estilo de vida que propician les permite mantener su privacidad sin sentirse solos”, explica.

Los ‘peros’

Hay algo que es común a todas las formas de propiedad horizontal: normas de convivencia. Sea que no le permitan hacer modificaciones a su vivienda, pasarse de un ciertos niveles de ruido o respetar determinados horarios, en todas las urbanizaciones, conjuntos y residencias múltiples habrá un código de comportamiento donde queden registrados los derechos y deberes de los copropietarios. Si usted no es capaz de aceptar las normas que le imponen, entonces la vida en uno de esos lugares simplemente no es para usted.

“El hecho de compartir espacios y expectativas genera lazos al interior de estas comunidades. Sin embargo, a muchas personas se les hace difícil someterse a un régimen, frecuentemente por falta de cultura ciudadana. Cuando no están acostumbradas a ese estilo de vida, se mudan a conjuntos y les dicen que las cosas se hacen ‘así’ y ya hay reglas establecidas para todo, pueden ocurrir conflictos”, explica la administradora Shirlis Baza.

Según ella, las principales fuentes de discordia son el incumplimiento de horarios para sacar la basura, el mal uso de los parqueaderos, la falta de control sobre las mascotas, la contaminación de las zonas verdes, la obstrucción de los pasillos (sobre todo cuando se utilizan para montar fiestas) y el ruido. “Todo copropietario tiene que ser consciente de que no vive solo, de que su piso es el techo de otro apartamento”, afirma.

Para lidiar efectivamente con estas situaciones, Baza recomienda remitirse siempre a los principios consignados en el propio reglamento de la urbanización. “El deber ser de los reglamentos de propiedad horizontal es que exista un capítulo sobre el manejo de conflictos en las copropiedades y cuáles son los procedimientos afrontarlos. La Ley 675 también da algunas herramientas para resolver pleitos”, comenta.

Advertencias
¿Cuál es el factor determinante a la hora de irse a vivir en un conjunto? A juicio de Victoria Rosales y Shirlis Baza, lo primero es conocer reglamento interno y el funcionamiento de la comunidad, pues así el cliente sabrá a qué atenerse. En el caso de los proyectos en desarrollo, es de suma importancia revisar la trayectoria de la inmobiliaria y los constructores, así como su progreso, para evitar problemas por incumplimientos y pleitos legales. Por último, entre más grande sea un conjunto, más probable será que se presenten problemas de todo tipo.