Es un error pensar que el “tiempo libre” debe ser utilizado para hacer “nada”. El tiempo libre o de ocio es el momento que un ser humano puede dedicar a sí mismo entre jornadas laborales o de estudio. En otras palabras, es tiempo para dedicar a los hobbies y a actividades que cultiven sus destrezas y conocimientos, como practicar un deporte, aprender una lengua, desarrollar sus habilidades artísticas o investigar sobre un tema que le apasione.
Una modalidad específica de esto son las actividades extracurriculares, pasatiempos o cursos que se realizan entre clases o después de clases y que una institución determinada ofrece a sus estudiantes con el objetivo de ayudarles no solo a recrearse, sino también a crear lazos con otras personas. En palabras del Ministerio de Educación, ellas poseen un “carácter lúdico, recreativo, instructivo o formativo y se desarrollan fuera de los períodos de la enseñanza regular”.
Luis Figueroa Castillo, magister en psicología y miembro de la Dirección de Excelencia Docente y Apoyo al Aprendizaje (EXDA) de la Universidad Tecnológica de Bolívar, afirma que las actividades extracurriculares son “una apuesta fundamental en el desarrollo integral del alumno, porque las personas no estamos limitadas a lo puramente cognitivo”.
“Estos cursos le apuntan al desarrollo de lo afectivo, ético, político, artístico y demás; cualquier institución educativa que se precie de fomentar el desarrollo integral de los estudiantes debería ofrecer una catálogo diverso actividades extracurriculares que cubra los posibles gustos e intereses de los estudiantes como seres humanos”, puntualiza Figueroa.
Beneficios
Además de ayudar con el estado de ánimo, de ser una forma de contrarrestar el estrés y de resultar en la adquisición de nuevas habilidades, las actividades extracurriculares cumplen una función muy importante en la permanencia de los alumnos en las escuelas. Son importantes para solidificar los vínculos entre pares y con los profesores, pues enriquecen las interacciones humanas, según Luis Figueroa, al “hacer del colegio un espacio donde el alumno cultiva varias de las dimensiones que le definen como persona”.
En Colombia no hay aún cifras exactas de cuántos estudiantes están vinculados al menos a una actividad extracurricular, pero, de acuerdo con Mineducación, sí se han hecho estudios en el país y a lo largo del mundo que corroboran sus efectos positivos. Ayudan a los niños y jóvenes a mejorar su autoestima y a desarrollar autonomía, disciplina, pensamiento crítico y habilidades para la resolución de conflictos.
Mineducación hace notar que “la mayoría de los estudios evidencia diferencias considerables en el rendimiento académico a favor de los estudiantes que participan en estas actividades”, en la medida que ellas contribuyen a mejorar el clima escolar y ayudan al estudiante a generar vínculos que hacen más amena su estancia en las instituciones educativas.
No se confíe
Ahora bien, debe tener en cuenta que todos estos factores inciden solo indirectamente sobre el aprendizaje y que su éxito para mejorar el clima escolar tampoco está plenamente garantizado. Son un espacio con un potencial valioso para mejorar la calidad de vida de los estudiantes, pero “los logros dependerán de la calidad, las características y el contexto de aplicación de la actividad en la que participe el estudiante y del tiempo que dedique a ella”, advierte Mineducación.
Como es lógico, si el alumno dedica demasiado tiempo a las extracurriculares, es posible que su rendimiento en diversas áreas disminuya. Esto sin mencionar la manera cómo su ambiente familiar y socioeconómico influyen en su relación con estos escenarios: si sus padres lo obligan a meterse en los grupos de danza aunque él no quiera, es menos probable que el muchacho sobresalga en ellos, haga nuevas amistades o disfrute de lo que hace. Por eso, es igual de importante considerar dónde están realmente los intereses del estudiante y no hacer que se integre a estos cursos “porque sí”.
