Despertamos hoy, viernes 6 de marzo, celebrando los 99 años del natalicio del más grande escritor que ha dado Colombia: Gabriel García Márquez (1927-2014). Una oportunidad para releer sus cuentos, novelas y crónicas, y para recordar también su extraordinaria obra periodística.
García Márquez fue testigo de los dramáticos episodios que siguieron al magnicidio del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán, ocurrido el 9 de abril de 1948 en Bogotá. Ese momento decisivo de la historia colombiana lo evocó en sus memorias Vivir para contarla.
Meses después, al regresar a Cartagena en mayo de 1948, narró el ambiente de tensión política que se respiraba en la ciudad. Sus columnas, que comenzó a escribir en El Universal desde el 21 de mayo de ese año, abordaron la realidad social y política cartagenera. Pero también retrataron, con su agudeza y su fino sentido del humor, aquello que lo conmovía profundamente: lo que sentía cada vez que escuchaba un acordeón, la extraña arquitectura del tiempo en los amaneceres y el espíritu de una Cartagena a la intemperie, con su atmósfera intemporal de viejo esplendor entre las ruinas.
En su trayectoria como periodista narró también la tragedia de un derrumbe de montaña en Medellín, el drama de los veteranos de la Guerra de Corea y las realidades ocultas del Chocó, sumido en la pobreza y en la codicia de quienes pretendían desmembrar su territorio.

El legado de Gabo que sigue vivo en el mundo
Fue el cronista del náufrago más querido del país: Luis Alejandro Velasco, quien sobrevivió diez días a la deriva en una balsa en el mar Caribe, historia que luego se convertiría en uno de los relatos periodísticos más célebres del continente.
Su trabajo lo llevó a cubrir grandes acontecimientos internacionales. Informó sobre la Reunión de los Cuatro Grandes en Ginebra y exploró las tensiones del poder alrededor de la paz mundial. Recorrió países de la Cortina de Hierro en Europa del Este, fue testigo de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en Caracas y narró el fusilamiento de uno de los coroneles del régimen de Fulgencio Batista en La Habana.
Entrevistó a líderes políticos del continente y del mundo, y viajó por ciudades como París, Roma, Praga, Moscú, La Habana y Luanda. También participó en escenarios intelectuales y políticos como el Tribunal Russell, la Fundación Habeas y la Comisión MacBride, organizada por la Unesco.
Entre 1974 y 1980 ejerció un periodismo político militante en la revista Alternativa. Posteriormente, entre 1980 y 1984, escribió una columna dominical en El Espectador.
Sus reportajes y textos periodísticos se recopilan en libros que contribuyeron a modernizar el periodismo narrativo en lengua española, entre ellos Relato de un náufrago (1955), Cuando era feliz e indocumentado (1973), Noticia de un secuestro (1996) y Miguel Littín, clandestino en Chile (1986). También destacan compilaciones como Textos costeños (1948-1952), Entre cachacos (1954-1955), De Europa y América (1955-1960), Notas de prensa (1980-1984) y Gabo periodista, una antología de textos periodísticos editada por Héctor Feliciano y publicada en 2012 por la Fundación Gabriel García Márquez para un Nuevo Periodismo Iberoamericano.
