Para la barranquillera de 26 años, Valentina Linero, la moda nunca ha sido una superficie banal. Al contrario, siempre la ha entendido como un contenedor de simbolismos y peso cultural. Sin embargo, el camino para consolidar Fenáreta-una marca que hoy exporta y viste a los nombres más visibles del Caribe colombiano-no nació de un plan de negocios milimétrico, ni de un equipo de marketing especializado, sino de una profunda necesidad creativa y un pasatiempo universitario. Esta es la historia de una filósofa que decidió materializar el pensamiento abstracto en texturas y colores.
Valentina Linero: partera de conceptos
A los 20 años, mientras cursaba quinto semestre de Filosofía y Humanidades en la Universidad del Norte, Valentina sentía una inquietud intelectual. Su meta inicial era dedicarse a la crítica y la academia de la moda, pero descubrió que necesitaba un catalizador manual y tangible para sus ideas : “Yo estudié mi carrera porque quería escribir sobre moda, pero realmente me di cuenta de que soy una persona que más allá de lo académico, le gusta crear cosas y que no le gusta quedarse quieta... A mí me hacía falta esta parte manual, de hacer algo, de crear”. Lea: Jennifer López lució vestido de la diseñadora cartagenera Maygel Coronel
La revelación definitiva llegó en una clase de filosofía moderna. Al leer sobre Sócrates, descubrió a su madre, Fenáreta, una partera. El filósofo griego explicaba que, a diferencia de ella, él no ayudaba a parir cuerpos, sino que ayudaba a las almas a dar a luz sus pensamientos (la mayéutica). Aquel concepto definió el ADN de su marca en 2020: la ropa no sería dictada por tendencias efímeras; tendría un mensaje y una historia que contar. “Eso es lo que yo quiero mostrar, que la ropa es mucho más que los superficial, que tiene un mensaje, un trasfondo, que no es solamente crear algo porque está en tendencia o porque se ve bonito, es el reflejo de todo un mundo que cada persona lleva dentro”.

Feminismo, memoria y moda
La génesis de Fenáreta está ligada e inspirada en el empoderamiento femenino. Antes de la marca, Valentina lideraba un espacio digital de divulgación titulado “Es tiempo de hablar”, impulsado por sus profesoras tras notar que las mujeres habían sido borradas de la historia oficial.
El impacto fue directo al leer a la escritora barranquillera Marvel Moreno. Valentina no comprendía cómo, habiendo crecido en la misma ciudad, el sistema escolar le había presentado con holgura a autores hombres, pero mantenía en la sombra el genio literario de Moreno, “¿por qué yo no conocía a Marvel, como en el colegio conocía a Gabriel García Márquez o a Álvaro Cepeda o como conocía a muchos escritores, artistas, hombres, ¿cómo no las conocía yo a estas mujeres?”.
Esa urgencia por visibilizar narrativas femeninas se trasladó por completo al diseño de vestuario. Aunque la página de Instagram cerró con la pandemia, se tradujo en la vibrante necesidad de subvertir lo establecido y allí encontró en la moda su mejor trinchera.
100% ecléctica
Si algo define a Fenáreta -y a su creadora-- es el eclecticismo absoluto. Al ser cuestionada sobre cómo describiría la personalidad de su marca si fuese una mujer, Valentina es tajante: “Ecléctica, 100% ecléctica. Creo que solo esa palabra basta. Fenáreta es una mujer que le gusta experimentar, que no se estereotipa en una sola cosa... Yo puedo experimentar diferentes estilos, diferentes pensamientos, diferentes colores y al final todo se va a ver armónico porque es lo que yo soy”.
Su propuesta huye de la literalidad tropical. En Fenáreta no encontrarán estampados obvios de palmeras o soles caribeños. Para ella, el Caribe es complejo y experimental por definición. Sus colecciones se alimentan de sus intereses personales: el arte, la gastronomía, el ballet, la natación y la música, reinterpretando lo existente bajo su propio universo:
-La Conspiración: Su colección favorita e inspirada en la salsa, cuya paleta de color y fuerza gráfica rinden homenaje a las portadas de los álbumes de la Orquesta La Conspiración.
-Nostalgia: Una mirada íntima inspirada en su madre cuando era joven.
-Heraia: Un tributo a las primeras competencias atléticas femeninas de la antigua Grecia, de donde brotó su vestido Best Seller ‘Olimpia’.
Vender sin perder la esencia
El crecimiento de Fenáreta ha sido meteórico, logrando entrar en las vitrinas de gigantes internacionales como Anthropologie y Nuuly, además de consolidarse en el Bogotá Fashion Week (BFW). Sin embargo, Valentina se niega a romantizar el proceso y habla con honestidad sobre la realidad económica de hacer empresa en Colombia: “Lo más difícil de hacerlo en este país es el apoyo cero que siento que hay para los empresarios y los emprendedores; la falta de apoyo en los bancos”.
Hija de un contador público, lleva el respeto por los números en las venas y abraza su pragmatismo financiero : “A mí me gusta mucho el dinero... me gusta mucho la parte creativa, pero también me gusta mucho la plata... siempre he sabido que obviamente si voy a vender algo, le tengo que ganar”. Esta visión alejada de la ingenuidad le permite entender que la rentabilidad garantiza la supervivencia de su arte.
Actualmente, tras las exigencias logísticas del mercado internacional, confiesa atravesar un bloqueo creativo, pero lejos de asumirlo como un fracaso, lo entiende como un proceso necesario para hallar el equilibrio perfecto entre lo comercial y la pureza de su marca: “¿Cómo aprendemos a ser creativos, pero también a ser comerciales sin perder lo que somos? ... estoy en ese proceso, porque yo no voy a perder mi identidad, por vender”.
Uno de las catapultas más fascinantes de Fenáreta ha sido su idilio con el Carnaval de Barranquilla. A pesar de un temor inicial a ser encasillada como una “marca de temporada”, la conexión con la fiesta máxima de su ciudad fue orgánica e indomable.
Todo estalló con la colección ‘Nostalgia’. Su ilustradora le entregó un patrón gráfico abstracto inspirado en una lágrima y un anturio, que por su gran parecido con el símbolo carnavalero terminó siendo bautizado internamente como “El Torito”. Y así, lo que empezó como un ensamble festivo improvisado para que Valentina y sus amigas asistieran a la Guacherna en 2024, desató un fenómeno de masas. La minifalda de ese estampado vivió un sold out histórico, vendiéndose incluso a las ocho de la mañana del mismo sábado de carnaval.
Para el 2025, el impacto escaló. Un vestido de fantasía publicado por Valentina en TikTok cautivó a Michelle Char, quien al ser designada Reina del Carnaval de Barranquilla, selló una colaboración para que Fenáreta diseñara uno de sus vestuarios oficiales. Casi en paralelo, la cantante Aria Vega reclutó el lenguaje visual de la firma para sus apariciones festivas, haciendo que la marca explotara en un estallido de reconocimiento sin precedentes. Lea: Ketty Tinoco: la diseñadora cartagenera que llevó el lino a la excelencia
Lejos de huirle, Valentina ha decidido abrazar este lazo con una mirada multidisciplinaria y de cara al futuro. Para el año 2027, prepara su primera estrategia formal en torno al Carnaval, colaborando con artistas, pintores y cocineros locales. Su objetivo es demostrar que la fiesta y la moda caribeña trascienden la juerga superficial: son un rito antropológico de catarsis indispensable para el ser humano. Manteniendo la brújula en los números pero la mente en la creatividad, Valentina continuará pariendo piezas con alma que recuerdan que la moda es, ante todo, un manifiesto cultural texturizado.

