Desde China, una familia cartagenera encontró en la música una manera de mantener vivas sus raíces y, al mismo tiempo, construir un puente entre dos culturas que, a primera vista, parecen estar separadas por miles de kilómetros.
Shirley Frías Torres, su esposo Marco del Valle de González y sus hijos han hecho de la música una forma de vida desde que llegaron al país asiático en 2008, pero también una herramienta para mostrarle a los chinos la alegría, los ritmos y las tradiciones de Colombia.
La historia comenzó por una oportunidad laboral. Shirley es cantante y profesora de música, mientras que su esposo es músico instrumentista y maestro. Antes de llegar a China, la familia pasó por Bogotá y tomó la decisión que cambiaría sus vidas.
“Nosotros somos una familia que residimos en China desde 2008”, contó Shirley durante la entrevista. Para entonces ya tenían un hijo pequeño y uno de los momentos más difíciles fue precisamente separarse de él. El niño quedó inicialmente al cuidado de sus abuelos maternos y paternos mientras sus padres emprendían el viaje.
“Lo más duro fue dejarlo ahí al niño”, recordó la familia. Sin embargo, nueve meses después, Marco regresó a Colombia para recogerlo y llevarlo a China. Con el tiempo, la familia terminó construyendo allí una vida completa.
De Cartagena a China, con la música como puente
El choque cultural fue inevitable. La comida, los aromas, las costumbres y hasta la manera de relacionarse eran diferentes. Pero lejos de quedarse únicamente con las diferencias, la familia decidió convertirlas en una oportunidad creativa.

Así nació buena parte de la esencia del proyecto musical con el que han buscado fusionar sonidos colombianos y chinos. Para ellos, aprender de la cultura del país que los recibió también significaba compartir aquello que traían desde Cartagena.
“Pensamos en lo que le llamamos hoy en día lo que es la fusión”, explicaron. Desde entonces han incorporado instrumentos chinos a canciones con ritmos colombianos y han trabajado en mezclas que incluyen cumbia, bullerengue, merengue y otros sonidos latinoamericanos.
La intención no es simplemente adaptar la música colombiana para un público extranjero. La familia quiere que cada presentación sea una pequeña ventana hacia Colombia.
“Donde uno va, siempre dejar un granito de su cultura”, señalaron. Y esa labor también se ha extendido a sus hijos. Melody, de 16 años, nació en China, mientras que su hermano, de 21 años, llegó al país asiático cuando tenía tres años. Ambos crecieron entre dos mundos y hablan español, inglés y mandarín.
Para la familia, esa experiencia multicultural se ha convertido en una de sus mayores riquezas.
La familia que terminó convirtiéndose en embajadora de Colombia
Además de sus presentaciones musicales, Shirley y su familia han participado en actividades culturales y han trabajado junto a representaciones diplomáticas. Ella incluso se desempeña como embajadora de la ciudad donde reside, promoviendo aspectos de la vida en China y mostrando también elementos de la cultura colombiana.


Su trabajo los ha llevado a escenarios y programas de televisión chinos. En 2019, Shirley y su hija fueron invitadas a una gala de Año Nuevo Chino, una experiencia que posteriormente les abrió las puertas a programas musicales de CCTV, uno de los principales canales del país.
También han participado en desfiles y actividades relacionadas con el Año Nuevo Chino y en encuentros de intercambio cultural.
La experiencia de la familia en China también quedó marcada por la pandemia de COVID-19. Las restricciones fueron particularmente estrictas y durante un periodo permanecieron prácticamente encerrados.
En medio de ese escenario, decidieron hacer lo que mejor sabían: música. Crearon varias canciones inspiradas en lo que estaba ocurriendo. La primera buscaba transmitir esperanza y recordarles a las personas que aquella situación no duraría para siempre. Otra hablaba de las pruebas de COVID que debían realizarse diariamente para poder salir o trabajar.
La tercera tomó como inspiración los códigos de colores utilizados durante las restricciones. El verde representaba la posibilidad de movilizarse, mientras que el amarillo implicaba precaución y el rojo significaba que la persona debía permanecer aislada.
La familia decidió transformar aquella experiencia difícil en una canción con un tono más jocoso.


Cuando una cumbia colombiana se encuentra con los ritmos chinos
Llevar ritmos colombianos a China también ha supuesto un proceso de aprendizaje. La familia explica que géneros como la cumbia tienen elementos rítmicos que no siempre son fáciles de interpretar para el público chino.
Por eso han buscado ritmos que permitan un encuentro más natural. El bullerengue, la cumbia y otros sonidos latinoamericanos forman parte de sus presentaciones, mientras que la salsa y la bachata también han encontrado una recepción especial entre el público chino.
Uno de los aspectos que más sorprende a la familia es descubrir cuánto disfrutan los chinos de la música latina. “Les encanta la alegría que nosotros los latinos proyectamos”, contaron.
Después de casi dos décadas viviendo en China, la familia también siente que tiene una responsabilidad al mostrarle a Colombia una imagen más amplia del país en el que construyeron su vida.
Consideran que todavía existen muchos estereotipos sobre China y que vivir allí les permitió descubrir una sociedad mucho más diversa de lo que imaginaban.
Desde China, esta familia cartagenera ha encontrado una manera particular de llevar el Caribe consigo. Cada canción, cada presentación y cada encuentro cultural se convierte en una oportunidad para que miles de kilómetros de distancia no sean suficientes para borrar sus raíces.
