Ella aparece en la pantalla de repente. Camina junto a un robot al que ha domesticado como a un perro que no puede ladrar. Lo lleva atado a una cuerda, lo somete a sus órdenes. Después, ambos están en una cama; ella espera que haga las veces de amante, algo que la máquina no puede hacer ni hará. El aparato mecánico pierde el control, golpea su cabeza de metal contra la pared y estalla ante la incapacidad de cumplir las tareas que su ama le impone. Está fuera de control, incapaz de ejecutar aquello para lo que no fue programado.
La protagonista es Vivian Jenna Wilson, hija de Elon Musk, y el video, de estética feroz y cinematográfica, hace parte de la nueva campaña global de la marca española Desigual, titulada Born to Disobey (Nacida para desobedecer). En apenas 34 segundos, la joven modelo convierte al robot en soporte para sus palos de golf, jardinero, mascota con correa y compañero de cama. Al final, arrastra la máquina inerte sobre la alfombra, sujetándola por lo que serían tobillos, y pronuncia una frase que parece resumir todo: “Hay cosas que no están hechas para arreglarse”. La escena desconcierta. Vivian no solo juega con la idea de una máquina que fracasa al intentar satisfacer las expectativas de su dueña, también parece interrogar la obediencia, la autonomía y los límites de una sociedad que deposita cada vez más tareas, decisiones y afectos en la tecnología. El robot es una clara referencia al Optimus de Tesla, el proyecto de robot humanoide desarrollado por una de las empresas de su padre.
Enfrentarse al más poderoso: papá
Vivian Wilson es la hija mayor de Elon Musk, el magnate estadounidense que ha construido parte de su imperio alrededor de empresas como Tesla y SpaceX y que también ha invertido en el desarrollo de inteligencia artificial. La relación entre ambos se encuentra fracturada desde hace años. En 2022, Vivian solicitó legalmente cambiar su nombre y retirar el apellido Musk, al manifestar que no deseaba mantener ningún vínculo con su padre biológico.
Vivian Wilson nació siendo Xavier Alexander Musk, quien entonces se convirtió en el hijo mayor del millonario estadounidense tras el fallecimiento del primogénito. Era muy probablemente ante los ojos del padre de catorce hijos, el primer varón de la descendencia Musk. Sin embargo la fantasía se evaporó cuando Xavier cumplió la mayoría de edad y se mostró al mundo como la hermosa Vivian Wilson. Despojada del apellido de su padre se enfrentó al escarnio público y violento de la sociedad conservadora; pero también a la mirada descorazonada de su progenitor que empezó a conjugar su vida en pasado, llegando a decir que su ‘hijo’ había muerto.

En distintas ocasiones, Musk se ha referido a ella utilizando su nombre anterior y pronombres masculinos. En una entrevista con Jordan Peterson, afirmó que consideraba que su hija había ‘muerto’ después de su transición y aseguró que había sido ‘engañado’ para autorizar documentos médicos relacionados con ella.
Vivian, por su parte, ha respondido públicamente a las declaraciones de su padre. En una intervención en redes sociales, cuestionó la versión que él ofreció sobre su infancia y aseguró que Musk no estuvo presente durante buena parte de su crianza. También rechazó la imagen que él construyó sobre su personalidad cuando era niña. “No sabe cómo era yo de niña porque él simplemente no estaba allí” expresó, según las declaraciones difundidas en redes sociales.
Su decisión de construir una identidad alejada del peso de su padre abre preguntas importantes que no solo la hija de un trillonario debería hacerse. ¿Hasta qué punto podemos desprendernos de aquello que nos define ante los demás, pero que no hemos elegido?, ¿Hasta qué momento de la vida la sangre traza el camino a seguir?
La máquina y la pérdida de la individualidad
El audiovisual también puede leerse como una crítica al avance de la automatización y a la creciente dependencia de la inteligencia artificial. Los robots han comenzado a ocupar espacios que hasta hace poco parecían exclusivamente humanos; la tecnología interviene en las industrias creativas, en la educación, en la producción artística y en la manera en que nos relacionamos con el conocimiento. Adiós a las lecturas profundas y hola a las respuestas rápidas, complacientes.
En una entrevista, Vivian se refirió precisamente a los riesgos de utilizar la inteligencia artificial como sustituto del pensamiento crítico. “Dejen de usar la IA para todo; se van a hacer una lobotomía”, advirtió. “Delegar todo su pensamiento crítico a la IA es la forma más fácil de perder su individualidad y perspectiva”.
La campaña de Desigual es una pieza de una ferocidad estética deliberada. La colección de otoño de 2026, modelada por Wilson, incluye prendas con el lema “Nacida para desobedecer”. En ella Vivian no sólo desafía a una máquina, sino que encarna la ruptura con una figura paterna que ha cuestionado públicamente su identidad y con un apellido que es sinónimo de poder, riqueza e influencia pero que ya no le representa. Quizás para ella lo más justo después de que un padre le mira como a un hijo muerto, sea hacer algo parecido.

