Detrás de una corona hay mucho más que una pasarela. Hay sueños que comenzaron en la infancia, familias que acompañan cada paso, miedos que deben superarse y jóvenes que descubren, en medio de la competencia, que también tienen una voz para transformar su entorno. Esa es parte de la experiencia que compartieron las ganadoras del Reinado Juvenil e Infantil de Cartagena, quienes encontraron en el certamen una oportunidad para crecer dentro y fuera del escenario.
Durante una conversación sobre sus vivencias con El Universal, las participantes hablaron con naturalidad de las razones que las llevaron a inscribirse, los aprendizajes que se llevan y las dificultades que enfrentaron en el camino. Aunque algunas soñaban desde pequeñas con convertirse en reinas, otras llegaron motivadas por sus madres o por la curiosidad de explorar un mundo que no conocían.
Para varias de ellas, participar significó aprender a expresarse frente al público, ganar confianza y atreverse a hacer cosas que antes les producían temor. Lo que comenzó como un sueño relacionado con las pasarelas terminó convirtiéndose en un proceso de crecimiento personal, en el que también descubrieron la importancia de apoyarse entre compañeras.
No todo fue alegría durante la preparación. Las participantes reconocieron que los comentarios negativos sobre su apariencia, su estatura o su desempeño en las pasarelas llegaron a afectar su autoestima. Algunas incluso confesaron que, en determinados momentos, dudaron de sus capacidades y pensaron que no estaban preparadas para continuar.
La autocrítica también apareció entre las dificultades más frecuentes. En ocasiones, explicaron, podían sentir que estaban haciendo las cosas mal, incluso cuando contaban con personas que confiaban en ellas y reconocían su esfuerzo.
A esto se sumaron las opiniones que circulan en redes sociales y los comentarios de quienes desconocen el trabajo que hay detrás de cada presentación. Sin embargo, las jóvenes coincidieron en que aprender a manejar esas situaciones fue una de las enseñanzas más importantes del reinado.
El respaldo de sus familias y compañeras también tuvo un papel fundamental. En los momentos de nervios, especialmente al hablar en público, las palabras de aliento de quienes compartían el proceso les permitieron recuperar la confianza y seguir adelante.
La prueba de talento fue otro de los espacios en los que las concursantes pudieron mostrar su personalidad y sus habilidades. El baile tuvo un protagonismo especial, con presentaciones que combinaron champeta, mapalé, cumbia, ritmos afro y danza contemporánea.
Más allá de las coreografías, algunas buscaron transmitir mensajes relacionados con la identidad cultural de Cartagena, las raíces afrocaribeñas y la fortaleza de las mujeres que trabajan cada día por sus familias. Otras apostaron por el teatro para narrar experiencias personales y hablar de los obstáculos que enfrentan los jóvenes cuando intentan cumplir sus sueños.
Las presentaciones tampoco estuvieron exentas de imprevistos. Algunas tuvieron dificultades con elementos de su vestuario o debieron afrontar los nervios de ejecutar movimientos que representaban un reto. Aun así, continuaron hasta el final, demostrando que la experiencia también consistía en aprender a levantarse frente a las dificultades.
Una corona con responsabilidad social
Uno de los puntos más significativos de la conversación fue el interés de las participantes por ir más allá de la belleza. Para ellas, representar a Cartagena implica reconocer su historia, acercarse a las comunidades y aprovechar la visibilidad que ofrece el reinado para impulsar iniciativas que beneficien a otras personas.
Entre las ideas y experiencias compartidas surgieron propuestas relacionadas con la enseñanza de pasarela, la expresión oral, las danzas tradicionales, el fomento de la lectura y la promoción de la cultura cartagenera. También hablaron de la importancia de cuidar el medioambiente, recuperar el sentido de pertenencia por los barrios y promover la educación entre los jóvenes.
Una de las participantes contó que trabaja en un proyecto llamado Un Paso a la Vez, con el que busca motivar a los niños a descubrir sus talentos y comprender que los procesos requieren tiempo. La iniciativa también contempla acercarlos a espacios de formación artística, para que tengan oportunidades que, en algunos casos, sus propias promotoras no tuvieron durante la infancia.
En el caso de las participantes infantiles, también apareció el deseo de enseñarles a otros niños que pueden perseguir sus metas sin rendirse.
Entre las ganadoras se encuentran Isabella Cabrera Soto, reina juvenil de Cartagena; Olga Marina Maya Fernández, virreina juvenil; Fiorella Lucchelli Ibarra, primera princesa juvenil; Shantal Sofía Simanca Vergel, segunda princesa juvenil; Sheilly Pacheco Aza, tercera princesa juvenil; Camila Andrea Brieva Torres, reina juvenil de Bolívar; Valentina Carvajalino Ardila, Miss Teen Mundo Cartagena; Ashley Salomé Barleta Fernández, reina infantil, y Sharoll Vanessa García Cervantes, reina mini infantil de Cartagena.
Sus historias tienen en común que el reinado no termina cuando se entrega una corona. Para ellas, el verdadero aprendizaje está en la seguridad que ganaron, las dificultades que lograron enfrentar y las oportunidades que esperan abrir para otros jóvenes de su ciudad.
