La Catedral Basílica Metropolitana de Santa Catalina de Alejandría no solo es uno de los templos más emblemáticos del Caribe colombiano, sino también un símbolo vivo de la historia, la fe y la arquitectura colonial. En 2026, este ícono celebró 20 años de una de las restauraciones más importantes de su historia reciente, un proceso que permitió rescatar su esencia y garantizar su permanencia en el tiempo.

Una restauración clave para preservar la historia
A finales del siglo XX, el deterioro causado por la salinidad, el paso del tiempo y factores ambientales amenazaba seriamente la estructura del templo. Fue entonces cuando la Fundación Carlos J. Mattos asumió el reto de liderar un ambicioso proyecto de recuperación integral.
La intervención, ejecutada entre 2000 y 2007, contó con una inversión cercana a los 7.000 millones de pesos. Este proceso no solo buscó detener el daño visible, sino recuperar la autenticidad arquitectónica del monumento, respetando los materiales originales como la piedra coralina y aplicando técnicas especializadas de conservación.
Intervención técnica y recuperación arquitectónica
El proyecto se centró en múltiples frentes que hoy hacen parte esencial de la imagen del Centro Histórico. Entre las acciones más destacadas se encuentran el reforzamiento estructural de las columnas principales, la reconstrucción de portones monumentales y la apertura de nuevos accesos que mejoraron la circulación de visitantes.
También se realizó la renovación del enrejado perimetral, la restauración del púlpito y el acondicionamiento técnico del altar mayor, garantizando su estabilidad y funcionalidad. A esto se sumó la incorporación de esculturas religiosas que fortalecen el valor simbólico del templo, entre ellas figuras como Santa Catalina de Alejandría, Santa Rosa de Lima, San Sebastián y San Luis Beltrán.
El Vía Crucis: un legado artístico recuperado
Uno de los momentos más determinantes del proceso fue la culminación de los 14 pasos del Vía Crucis. En su momento, la obra estuvo en riesgo de quedar inconclusa tras la retirada de patrocinadores.
Sin embargo, la Fundación asumió el compromiso de finalizar este conjunto artístico, asegurando la continuidad de una de las representaciones más importantes de la tradición católica. Este gesto permitió preservar no solo un elemento religioso, sino también una pieza clave del patrimonio cultural de la ciudad.

Un modelo de conservación patrimonial en Colombia
Dos décadas después de su culminación, los resultados de la restauración son evidentes. La Catedral mantiene un estado de conservación que refleja la calidad técnica del proyecto y la visión a largo plazo de sus ejecutores.
Hoy, miles de turistas que recorren el Centro Histórico pueden admirar su arquitectura sin rastros del deterioro que alguna vez la amenazó. Además, el templo continúa siendo escenario de ceremonias religiosas, eventos solemnes y encuentros comunitarios, consolidándose como un espacio activo dentro de la vida cultural de Cartagena.
Más allá de una intervención física, esta restauración se convirtió en un referente de gestión patrimonial en Colombia. Demostró que la articulación entre inversión privada, conocimiento técnico y compromiso cultural puede garantizar la preservación de los bienes históricos.
A 20 años de este hito, la Catedral sigue en pie no solo como un lugar de fe, sino como testimonio del valor de proteger la memoria colectiva y asegurar que el legado arquitectónico continúe siendo parte esencial de la identidad de la ciudad.
