Por: Juan Diego Restrepo E.
Los actores de la guerra en Colombia apelaron durante décadas a una de las estrategias más degradantes para el ser humano: el secuestro. Razones políticas, económicas y bélicas impulsaron a guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y delincuencia común y organizada a retener a las personas con el fin de obtener un bien a cambio de su libertad.
Prolongados cautiverios en situaciones inhumanas y constante zozobra e incertidumbre sobre el futuro propio y el de sus familias, ocasionan graves afectaciones sicológicas en las víctimas, muchas de las cuales aún después de su liberación no logran recuperarse. Surge entonces una pregunta al observar tanta tragedia: ¿es superable el trauma del secuestro?
Hay quienes creen que sí, entre ellas Consuelo Hoyos Botero, abogada, sicóloga, filósofa y docente investigadora del Grupo Ratio Juris de la Universidad Autónoma Latinoamericana, quien adelantó un extenso trabajo con un grupo de 25 personas que fueron secuestradas y lograron sobrevivir. El recurso psicológico y afectivo adoptado por muchas de ellas para no perder el ánimo durante el cautiverio y una vez libres fue la capacidad de resiliencia, es decir, de superación para enfrentar las adversidades.
“El secuestro ha sido considerado un delito tan grave como el homicidio”, conceptúa Hoyos Botero. “Mientras éste consiste en quitar la vida destruyendo toda posibilidad de existencia, en el secuestro se anulan los planes y proyectos de vida del individuo, se atenta contra su libertad y desarrollo personal”.
Sin embargo, lo que muestran las entrevistas es un panorama variado sobre cómo reaccionaron las víctimas al plagio y lo que sobrevino después. Unas tuvieron mayor capacidad de asimilación de su vivencia en cautiverio y otras permanecen afectadas y sin mayores indicios de recuperación.
“No he podido salir adelante, es un infierno vivir, siempre estoy pensando en el martirio que fue mi secuestro lleno de privaciones, de angustia, de resentimiento”, describió una de las víctimas entrevistadas. Otra dijo: “Lo que quiero es morirme, nada me motiva, nada me llama la atención, ni mi esposa, ni mis hijos, ni el trabajo, por ello no volví a trabajar. Me van a quitar la casita por las deudas y me da igual. Es que yo soy como un zombi, no sé cuándo dejaré de serlo”.
En estos casos la vida pierde valor y si bien algunas de las víctimas se quedan en una especie de limbo mental, algunas proceden de manera drástica. Cuenta la hermana de un secuestrado que él no pudo superar el trauma que le ocasionó un año de cautiverio y prefirió suicidarse.
No obstante, los hallazgos de Hoyos Botero apuntan a que muchas víctimas apelan a la resiliencia para soportar tanto vejamen. Dice la investigadora que “varios relatos dan cuenta de la capacidad de estas personas para superar la adversidad del secuestro, es decir, para ser resilientes y sus dichos llenan de esperanza y alegría”.
Así se constata en relatos como éste: “No sé de dónde saqué fuerzas, pero fui capaz de sentirme yo misma, en mi casa, con mi familia, con mis amigos, como si hubiera renacido para emprender una nueva vida. Encontré que era capaz de amar, de relacionarme, de trabajar a pesar de todo y por sobre todo, claro, después de un tiempo, mucho tiempo, de sufrimiento y dolor”.
Las historias personales y sociales contribuyen a formar en cada individuo la capacidad de resiliencia; no obstante, Hoyos Botero considera que esta actitud implica “conductas, pensamientos y acciones que cualquier persona puede aprender y desarrollar”.
Para fortalecer ese carácter, la investigadora afirma que es necesario involucrar el perdón, elemento esencial de la resiliencia: “el perdón es no sólo una actitud, sino también un estilo de vida. Actitud que implica un estado de conciencia que le permite al sujeto ver y asimilar las diferentes situaciones que le han causado daño, así como la disposición para perdonar”. Ante esos sentimientos y actitudes, es posible entonces plantear que el trauma del secuestro es superable si quienes lo padecieron identifican sus propias capacidades y recursos para asimilar la experiencia sin pretender desconocerla, e identificar nuevos horizontes para sus vidas.
*Versión periodística del texto “Cómo superar el trauma del secuestro”, escrito por Consuelo Hoyos Botero del Grupo de Investigación Ratio Juris. Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Latinoamericana.


