Esta semana es crucial dentro de la carrera por la presidenta de Brasil a solo seis días de que se desarrollen las elecciones en segunda vuelta este domingo 25 de octubre, dentro de un panorama que parecía favorable hace pocos días para Flávio Bolsonaro y que faltando menos de una semana comienza a sonreirle a Luiz Inácio Lula da Silva, según medios locales.
El actual presidente y candidato a la reelección, dominó la agenda política en estos últimos ocho días al lograr la reducción de la jornada laboral y anunciar beneficios para los brasileños, acompañado de una intensa actividad en las calles y las redes sociales, un campo antes mayormente dominado por Bolsonaro.
La ventaja que los sondeos electorales daban al hijo del expresidente Jair Bolsonaro sobre el líder progresista después de salir victorioso en la primera vuelta, se redujo esta semana, a poco de la segunda ronda, y llegó a solo dos puntos (51 % contra 49 %), un empate técnico de los candidatos, según la última encuesta de Datafolha.
La agenda social fortalece al progresismo
Uno de los principales movimientos de Lula fue la promulgación de la reforma constitucional que reduce la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, sin recorte salarial y con dos días de descanso remunerado.
La medida era uno de los objetivos que Lula quería concretar antes de las elecciones, ya que beneficiará a millones de trabajadores formales, algo que puede traducirse en votos.
En la última semana, el presidente también anunció medidas para financiar y condonar deudas de microemprendedores y prometió impulsar el transporte público gratuito los fines de semana para que los trabajadores aprovechen sus días libres con sus familias.
Estas iniciativas se suman a otras anunciadas por el líder progresista en campaña, como el aumento de los subsidios para los más pobres, la subvención de combustibles, créditos para taxistas y ayuda económica a universitarios para evitar su deserción.
Ajuste en el discurso de Bolsonaro
Tras el éxito de Lula, Bolsonaro ha tenido que ajustar su discurso. Luego de cuestionar la reducción de la jornada laboral, terminó apoyando la iniciativa porque, según dijo en una entrevista al noticiero Jornal Nacional, el de mayor audiencia, “el pueblo lo estaba pidiendo”.
No obstante, el candidato de derecha se ha dedicado a criticar los beneficios ofrecidos por el líder progresista, a quien ha calificado de “mentiroso”, pues dice que hacerlos realidad es inviable. Le podría interesar: Flávio Bolsonaro promete convertir a Brasil en una de las siete potencias mundiales
La seguridad pública
Flávio Bolsonaro se ha concentrado aún más en esta recta final en la seguridad pública, uno de los ejes de su campaña, y un tema para el que Lula quiere quitarle protagonismo.
El líder progresista trabaja para que el Congreso apruebe antes de la segunda vuelta, es decir, la próxima semana, una enmienda constitucional que le permita crear un ministerio de la Seguridad Pública antes de finalizar su mandato.
Pero el primogénito del exmandatario no le está dejando el camino fácil y pidió que en esa reforma se incluya la reducción de la edad mínima de responsabilidad penal para delitos determinados delitos graves de 18 a 14 años.
El Partido de los Trabajadores (PT), la formación de Lula, que se negaba a cualquier reducción en este asunto, propuso a regañadientes que se disminuya pero de 18 a 16 años, lo que tiene frenada la iniciativa en el Congreso hasta que se llegue a un acuerdo.
Entre los 12.500 jóvenes y adolescentes que cumplen hoy en día alguna medida privativa de la libertad en Brasil, el 10 % encajaría en la propuesta de Lula y un 57 % en la de Bolsonaro, según datos de la Universidad Federal de Minas Gerais, divulgados por el periódico O Globo.
Duro primer debate
El candidato opositor Flávio Bolsonaro y el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, celebraron ayer un duro primer debate de cara a la segunda vuelta de las elecciones que se caldeó especialmente con acusaciones de corrupción.
Bolsonaro, que ganó la primera vuelta con el 47 % de los votos, y Lula, que obtuvo el 45 %, trataron de desmontar la imagen de su rival y de ganar simpatías entre el electorado indeciso y el más del 20 % que se abstuvo de votar en primera vuelta.
Lula y Bolsonaro tuvieron un agrio intercambio de media hora, sin respiro, en torno a las sospechas de corrupción que afectan al bando opuesto. El escándalo del caso del Banco Master, el mayor fraude de la historia de Brasil, y un desfalco millonario en el dinero de las pensiones de la Seguridad Social centraron el choque.
La batalla dialéctica, facilitada por la flexibilidad del formato del debate, ganó voltaje con acusaciones mutuas por las investigaciones que afectan a familiares de ambos, inclusive al propio Flávio Bolsonaro.
En otro momento del encuentro, Lula desafió a Bolsonaro a entregar a las autoridades las informaciones bancarias y telefónicas de ambos y sus respectivas familias para “demostrar quién es corrupto” y “quién es honesto”. Bolsonaro respondió a la provocación diciendo que Lula tiene el dinero “en otro lugar”.

