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Afganistán: venden sus órganos y drogan a sus hijos para “engañar” el hambre

Venta de órganos, niños sedados y muchos otros métodos de supervivencia son usados en Afganistán frente a la dura crisis que provocó la llegada de los talibanes.

REDACCIÓN MUNDO

05 de diciembre de 2022 05:44 PM

Desde antes de la toma de poder de los talibanes en territorio afgano, en agosto del 2021, los hombres que trabajaban como jornaleros a las afueras de Herat, ciudad de Afganistán, ya llevaban una vida difícil.

Pero cuando los integrantes de este movimiento político-religioso tomaron el mando, sin que el nuevo gobierno de facto fuera reconocido internacionalmente, los fondos extranjeros que llegaban a Afganistán se congelaron, provocando un colapso económico del que muchos no se han podido recuperar hasta el sol de hoy. Lea aquí: ¿Quiénes son los talibanes? Los nuevos dueños del poder en Afganistán

Muchos perdieron su empleo. Y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha dicho que se está produciendo una “catástrofe” humanitaria en Afganistán, pues un enemigo silencioso y mortal acecha a diario los hogares afganos: el hambre. Lea también: Al menos 4.000 afganos podrían llegar a Colombia

En un día de suerte que un afgano —en este caso residente de las inmediaciones de Herat— encuentre trabajo, puede ganarse alrededor de 100 afganis, es decir, poco más de 1 dólar. Entonces, ¿cómo hacen para llevar el sustento a sus hogares?

Venta de órganos

Un afgano, que reside en una zona aledaña a Herat, le contó a BBC que se vio en la necesidad de vender uno de sus riñones hace tres meses en un hospital local.

270
mil afganos recibió un joven de Afganistán al vender su riñón.

“No tenía salida. Había oído que se podía vender un riñón en un hospital local. Fui allí y les dije que quería hacerlo. Unas semanas más tarde me llamaron por teléfono para pedirme que fuera al hospital”, indicó el joven de unos 20 años.

Y añadió: “Me hicieron algunas pruebas y luego me inyectaron algo que me dejó inconsciente. Sentí miedo, pero no tenía otra opción”.

Ammar, el nombre con el que el medio oculta su identidad, recibió unos 270.000 afganos (3.100 dólares americanos) y la mayor parte la destinó a pagar el dinero que prestó con el fin de comprar comida para su familia.

Nos vemos obligados a vender a nuestra hija de dos años, pues la gente a la que hemos pedido dinero prestado nos acosa todos los días”.

Madre afgana.

Lo que restó no fue suficiente para permitirles comer dos noches seguidas, sino una noche de por medio. “Después de vender mi riñón, me siento como si fuera media persona. Me siento desesperado. Si la vida sigue así, siento que podría morir”, dijo el afgano. Le puede interesar: ¿Por qué es tan difícil ser mujer en un país controlado por los talibanes?

Asimismo, una joven madre le confesó al BBC haber vendido su riñón, hace siete meses, para pagar una deuda: habían prestado dinero para comprar un rebaño de ovejas; estas eran su medio de vida, pero murieron en una inundación hace un par de años.

Le pagaron 240.000 afganos (2.700 dólares americanos) por su riñón, pero no son suficientes. Ahora debe recurrir a otras alternativas.

Venta de niñas

“Ahora nos vemos obligados a vender a nuestra hija de dos años. La gente a la que hemos pedido prestado nos acosa todos los días”, dijo la madre que vendió su riñón y no le alcanzó el dinero que recibió de él.

Algunos afganos le dan somníferos a sus hijos para “engañar” el hambre.

Por otro lado, Nizamuddin vendió a su hija de cinco años por 100.000 afganis, menos de la mitad de lo que dan por un riñón.

El medio también conoció a Nazia, de cuatro años, una niña alegre que está a la venta, así lo corrobora el anuncio que puso su padre Hazratullah en la mezquita local, ya que se están quedando sin comida.

La pequeña fue vendida para casarse con un chico de la provincia de Kandahar a sus 14 años. Hasta el momento, Hazratullah ha recibido dos pagos por ella.

Por su parte, Abdul Ghafar, uno de los jefes de la comunidad, dijo: “Entendemos que va en contra de las leyes islámicas, y que estamos poniendo en peligro la vida de nuestros hijos, pero no hay otra manera”. ¿O sí...?

Sedan a sus hijos

Cuando ya no hay comida en casa los afganos recurren a fármacos como el alprazolam, escitalopram y sertralina, las cuales suelen recetarse para tratar la depresión y ansiedad; pero uno de sus efectos secundarios es la somnolencia.

10
afganis, es decir, 10 céntimos de dólar, alcanzan para cinco tabletas de somníferos, lo mismo que cuesta un trozo de pan.

Algunos afganos como Abdul Wahab, cuyos hijos no paran de llorar por el hambre, le dan a los menores medicamentos para sedarlos, dada la falta de alimento.

Ghulam Hazrat, otro hombre de la docena con la que se reunió BBC (todos le suministran estas pildoras a sus hijos hambrientos), aseguró que incluso le daba estos fármacos al más pequeño de sus seis hijos, quien tiene un año de edad.

El medio descubrió que en una farmacia local, se pueden comprar al menos cinco tabletas de estos medicamentos por 10 afganis (unos 10 céntimos de dólar), mismo valor que tiene un trozo de pan.

Los médicos explican que cuando se les suministra este tipo de medicamentos a niños pequeños a los que no se les brinda una nutrición adecuada, pueden causar daños en el hígado, problemas como fatiga crónica, trastornos del sueño y del comportamiento, entre otras complicaciones.

Lo peor es que el fin de esta difícil situación no se ve muy cercano. Hace uno días la ONU informó que la crisis económica y los efectos de la sequía han dejado a millones de afganos en una situación dramática de cara al invierno, con importantes carencias de comida, agua potable y servicios médicos en varias zonas del país.

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