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Columna

Y eso que es psicólogo…;

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No sé cuántas veces he oído esta expresión: “Cómo es posible que actúe así…; y eso que es psicólogo(a)”. Esa oración aplica para cualquier área del campo psi (psicoanalista, psiquiatra, etc.; utilizaré el término “clínico” para aunar criterios). Es como pensar que un cardiólogo no puede tener un infarto, impensable un obstetra sin hijos o que un dermatólogo sufra de la piel.
Estudiar una profesión no inmuniza contra su objeto de estudio. Que el común de la población así lo piense no debe extrañarnos pues los humanos guardamos siempre la ilusión de encontrar seres perfectos. Idealizar es inevitable, forma parte de nuestra estructura psíquica.  Creemos que quien estudia la mente humana y su comportamiento “debe saber” cómo vivir acertadamente.
Alguien podría anotar: “Si uno se dirige a un psicólogo es porque supone que algo sabe sobre mi malestar”. Le respondería que, sin duda, esa premisa es fundamental para solicitar un tratamiento, sin embargo, un clínico no es sólo un compendio de información sobre lo mental, es algo más. Los primeros advertidos han de ser los clínicos mismos, no pueden caer en la ingenuidad de creer que el saber que poseen es aplicable sólo a sus pacientes. Si bien la formación se adquiere a través del estudio de teorías del comportamiento humano, de su aplicación al atender pacientes, debe éste incluirse como variable interviniente. El propio terapeuta forma parte del proceso. Debe participar, pero debe ser neutral. ¿Cómo?
La disciplina utiliza un dispositivo específico, el análisis personal, y un clínico ha de someterse él también a una terapia con otro profesional. Los cambios se logran vivencialmente, y no sólo racionalmente. No es fácil consultar, ceder un tanto en el narcisismo y solicitar ayuda, es algo que se logra mucho más empujado por el síntoma, que por humildad. Freud decía que un psicoanalista puede conducir un análisis tan lejos como sus propios complejos se lo permitan. Estamos habitados por puntos de fijación, por pequeños o grandes traumas (para el sujeto son sólo traumas) que si no los resolvemos, probablemente, en lugar de aportarnos, nos sustraigan del principio del placer.
Se requiere del análisis personal del clínico para que pueda evitar las identificaciones con sus pacientes y para que experimente en carne propia los momentos emocionales de un tratamiento, contactándose con su propio inconsciente. Es necesario que aplique sobre sí mismo lo que luego va a ofrecerle a otros. Es responsable de la dirección de la cura de su paciente, pero no de la vida de éste.  Haciéndose responsable por su propio inconsciente podrá conducir a un paciente por la vía del análisis, lo uno no es sin lo otro, podrá participar neutralmente en la cura de su paciente.
Se entiende que la gente le exija “perfección” al profesional psi, pero nada lo explica, en tanto es imposible para cualquiera; sin embargo un clínico ético asume el compromiso de transitar su análisis para ser consecuente con su deseo, para conocer lo teórico y lo práctico de lo que ofrece profesionalmente, y por supuesto para atravesar el nódulo de su propia verdad.

*Psicoanalista, Magister en Psicología, Coordinadora Especialización en Psicología Clínica de la Universidad del Norte en convenio con la Universidad Tecnológica de Bolívar

karinag1@yahoo.com

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