Columna

El desastre cafetero

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FRANCISCO SANTOS CALDERÓN
09 MAR 2013 - 12:00 AM

Se acabó el paro cafetero pero los problemas estructurales no se abordaron y se resuelve la crisis por un año sin garantizar la sostenibilidad de un sector económico fundamental que garantiza bienestar social en 600 municipios y además en regiones críticas como Cauca, Huila y Tolima.
Los grandes perdedores son el presidente Santos y la Federación de Cafeteros. Al primero, el gremio de "su corazón" casi lo tumba y paralizó el país más de una semana y a la Federación le ganaron en legitimidad. No representa al gremio cafetero, que no le cree, y su falta de transparencia en el gasto, burocracia e inversiones acabó su prestigio de décadas.
Los colombianos le giraron 800 mil millones merecidos a los cafeteros. ¿Qué pasará el próximo año? Se resolvió la coyuntura pero el trabajo apenas comienza. Veremos si Santos es capaz de reformar la Federación y la industria para que sobreviva o si hará cambios cosméticos y anuncios incumplidos, y aplaza la solución estructural.
Hay que rendir cuentas. La Federación quebró más de cien empresas: Bancafe, Aces, Concasa, la Corporación Financiera de Caldas y Agrícola de Seguros, son algunas de las más significativas. El fracaso financiero y administrativo de las tiendas Juan Váldez, ¿a qué se debe? ¿Es salvable? Sin usar solo el retrovisor, del que Santos sabe mucho, hay que aprender de los errores. Además, los cafeteros y el país merecen, necesitan y exigen cuentas claras.
El café no pesa lo de antes en el PIB, luego la Federación no necesita ministros en su junta. Y su cabeza no debe ser de una terna del Presidente. El gremio debe ser de los cafeteros. Ante un mercado de café abierto, la Federación no debe tener el monopolio de asistencia y exportación, y debe competir con las cooperativas y asociaciones, que pueden hacerlo mejor.
La Federación debe dedicarse a la investigación, a diseñar valor agregado y dejar que los cafeteros hagan lo que saben: cultivar el mejor café del mundo y venderlo. La Federación, que o cambia o muere, debe ayudar al exportador a hacer negocios, reducir el costo de transacción y convertirse en el agente de cambio mediante el servicio, crecimiento, eficiencia y calidad -no del monopolio- en este producto bandera.
El papel del gobierno debe cambiar. Urgen tasas de crédito subsidiadas hasta que empiece la cosecha y un subsidio a cobertura cambiaria y de precio del grano en el mercado internacional. Se debe acabar el estímulo a la importación de café con un gran programa para el consumo interno incluyendo este producto, con leche obviamente, en los programas de asistencia alimentaria del ICBF.
Los insumos, el doble en precio que en los países vecinos, deben tener precios internacionales. No hay que temer abrir las importaciones sin arancel o sancionar duramente a las grandes multinacionales si hay cartelización.
El café le dio mucho a Colombia. El país empieza a devolverle algo con este subsidio sacado a la fuerza por los sufridos cafeteros, que se rebelaron al fin ante la sordera del gobierno y el maltrato del ministro de Agricultura. Pero todos sabemos que no es sostenible. Vamos a ver si Santos, por fin, deja de pensar en cocteles y fiestas, se arremanga y deja este problema resuelto. Ojalá nos sorprenda una sola vez.

fsantosrcn@gmail.com
@pachosantosc

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