Columna

La cúpula política

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FRANCISCO SANTOS CALDERÓN
17 AGO 2013 - 12:00 AM

Era sólo cuestión de tiempo. Al Presidente no le gusta la crítica. Y en la alta oficialidad militar y de policía hay un gran descontento porque sienten que ganaron la guerra y pierden la paz. El país quedó sorprendido con el cambio de cúpula. Pero poco a poco se sabe la verdad.
No es por un enfrentamiento del comandante del Ejército con el ministro. El general Sergio Mantilla era poco querido por sus colegas pues el maltrato hacia sus subalternos era conocido. Lo sostuvo en ese puesto el ministro Juan Carlos Pinzón, entre otras porque sus padres fueron compañeros de infancia, juventud y curso.
Quien sí presentó respetuosa e institucionalmente sus observaciones y quejas por el proceso de paz fue uno de los mejores generarles, y de los más queridos por la tropa que ha tenido el Ejército, Alejandro Navas. Le costó el puesto e inició un remezón que aprovechó el Presidente para cobrar por un lado, y sacar a todo oficial que tenga reparos con el proceso de paz por el otro.
Navas fue y ha sido leal con el Gobierno, pero como líder de las Fuerzas Militares tiene mucho que decir. Parte de su trabajo es ese, conducir y tramitar el debate de las inquietudes de la tropa con el Gobierno. Con este Presidente se equivocó, solo hay diálogo con los bandidos. Los generales y los oficiales, a guardar silencio y obedecer órdenes. Las inquietudes de la oficialidad, que son muy grandes, no caben en la agenda de paz del gobierno.
El general Raúl Torrado, de la Fuerza Aérea, también cayó por sus inquietudes con el proceso de paz. Nunca calló en los escenarios institucionales frente a la derrota política de las Fuerzas Armadas, victoriosas el 7 de agosto del 2010, pero hoy ven a sus contrincantes dictar cátedra sobre una democracia que aún quieren destruir, pero que gracias a nuestros soldados permanece en pie.
Lo de la Armada es distinto. Las grandes inquietudes tienen que ver con la disputa con Nicaragua y la indecisión del Gobierno. Hay gran malestar ante la duda permanente del Presidente y la Canciller sobre qué hacer y el avance de Ortega para despojar nuestra soberanía. En vez de convencer con argumentos el Presidente y su ministro, retiran almirantes de primera condición.
Lo de la Policía es la carambola final. Cobrar con el retiro un desliz de un gran oficial, el general José Roberto León Riaño, que sin el carisma de su antecesor hacía la tarea.
¿Una cúpula de bolsillo? Ojalá no. Sin ser deliberantes nuestros militares y policías siempre han sido punto de equilibrio y sensatez en momentos complejos. El consejo acertado necesita de un ambiente de confianza que Santos reventó al cambiar la cúpula. En eso es consecuente con un su política de rodearse solo de quienes le dicen “sí Presidente, muy bien Presidente”. Grave error.

fsantosrcn@gmail.com

 

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