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Columna

¿Qué dejaron los paros?

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Mucho para pocos. Nada para los otros. Y algo, poco o mucho, para unos y otros. Y, como en el cuento de Augusto Monterroso, todavía están ahí.

Si en lo político, en lo que formalmente pueda así denominarse e identificarse, pues que se confirma en la praxis de la calle, que es el escenario idóneo para identificarlos, que en Colombia no hay partidos ni movimientos políticos capaces de intermediar el descontento de la sociedad con las formas, modelos y sistema de gobierno que la rigen.

Eso, en lo que vendría a conformar la categoría de partidos y movimientos políticos en el contexto de la democracia representativa de la cual participamos los colombianos pasiva y nominalmente, porque lo que es en la praxis que confronta y debate la vigencia o no del sistema, ahí sí que queda desvirtuada la existencia de partidos y movimientos rotulados como políticos.

Y registrados como tales, en la nomenklatura institucional y organismos reguladores de la función electoral.

Ni a la derecha ni a la izquierda ni hacia el centro de la protesta social del país, asomaron unos ni otros; sus voceros y líderes, no obstante sus preferencias ideológicas y políticas claramente matizadas en el amplio espectro que va de derecha a izquierda y pasa por el centro.

Nadie los vio ni oyó. Y menos para significar con su presencia y voces que cuanto en la protesta, en el conflicto, en los paros, se desenvuelve, debate y propone, es de la trama natural de los partidos políticos, de su esencia y existencia en la democracia.

¿Alguien sí se percató de los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, apoyando o negando la legitimidad de la protesta de campesinos, agricultores, caficultores, paperos, ganaderos, transportistas?

Y de la de la Unidad Nacional, Polo Democrático, Progresistas, Partido Verde, MIRA, ASI, Unidad Nacional, Cambio Radical, PC, PIN, ¿quién puede dar aviso?

Reconocer la invisibilidad de los partidos políticos en las marchas campesinas y paros del sector agrícola y pecuario, sería la primera cosecha de esta vasta movilización de masas, insumo irremplazable de todo partido y organización política.

Igual, deja la militarización y represión policiva de la protesta social, la judicialización de sus líderes, la incompetencia, precariedad y confusión del Estado, Gobierno e instituciones, para encontrar soluciones para problemas estructurales de su competencia y responsabilidad derivados de políticas agrarias desfasadas de un modelo económico que debería soportarla y desarrollarla.

Y los “taser”, arma de electrochoques aplicada por el ESMAD, y recomendada por Pacho Santos, el primo del presidente que busca reemplazarlo.

*Poeta

@CristoGarciaTap

elversionista@yahoo.es
 

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