Aprovechando la coincidencia de escribir hoy, no podría ser otra la inspiración que orientar mis palabras a lo que sienten mi corazón y razón.
La opinión pública conoce el recorrido y liderazgo de nuestros dirigentes políticos, su pasado y trayectoria, su influencia y aportes; cada ciudadano crea un concepto de quienes han escrito la historia del país. Buscando de nuevo interlocución popular, decisión política y argumentación y representación ideológica, consideran su vigencia como un exigente privilegio y se lanzan a la conquista democrática del Congreso; Carlos F Galán, Uribe, Navarro y Serpa, experimentados líderes por vivencia o descendencia. Más allá de la heterogeneidad de sus partidos, serán los “cabeza de lista” quienes orientaran su redil electoral y electorero. Resalto la continuidad de Robledo, mejor congresista este año.
El próximo Congreso será de un alto nivel de liderazgo ideológico y argumentativo, pero también de historias perceptibles y de un pasado que han escrito y vivido como patricios. Si analizamos estas iniciativas democráticas inferimos en el futuro del país del Sagrado Corazón, después de posesionados, sin importar quién sea el Presidente, que el Congreso llegará a un nivel de denominación presidencial, que escribirá las leyes y decretos de la Casa de Nariño, situación única en la política contemporánea. El poder será tan grande que la figura presidencial será equiparable al Congreso o disminuida dependiendo del carácter de quien la ocupe.
Si esto ocurre el Congreso tendrá el reto de orientar la política y las decisiones del país. Estos hombres podrán seguir sus emociones y su pasado o escribir el futuro que necesitamos.
Con preocupación ciudadana advierto que no esperamos una argumentación histórica de sus acciones, ni rebatir sus pecados, ni la proyección histriónica de sus ideas, sino las que no han terminado de escribir. Sin desconocer que esas ideas están endilgadas de narcotráfico, paramilitarismo, atentados, subversión, terrorismo, víctimas y victimarios, el debate debe tomar la altura del respeto, con la visión de las ideas soñadas y forjadas con brillo y perseverancia; el discurso antológico e ideológico de la ciudadanía es la paz. Cada línea dogmática hará contrapeso al pecado desmedido y peso al equilibrio de la paz; se hace propicio pensar en JFK: “Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”.
El país espera del próximo Congreso la máxima responsabilidad. La historia lo exige y para vanagloria del mismo se les permitió una irrepetible oportunidad, reconociendo que esperamos encontrar el tiempo de paz.
Coletilla: Penoso y lamentable que el impetuoso añil no se levante del catre donde está.
*Concejal Partido Conservador