Los raizales que nacimos y vivimos en Bocagrande, Castillogrande y El Laguito (Bocala) somos testigos impotentes de cómo la inseguridad y la degradación del barrio aumenta de perceptible y continuamente. Pasamos de vivir en casonas a jaulas, unos encima de otros, sin vías, andenes, calles rotas, llenas de agua salada, sin que nos quejemos ni hagamos valer nuestros derechos en el barrio más caro en impuestos, metro cuadrado y servicios de Colombia. Nos cobran por Estrato 6, con una infraestructura de Estrato 2.
El barrio está lleno de basuras y la autoridad no se ejerce. ¿Cómo es posible que aquí se permita consumir licor en los parques y en el paseo peatonal? Desde temprano se ve cómo personas de otros sectores, y algunos locales también, se emborrachan, causando ruidos y perturbando el descanso de los que vivimos aquí, y luego se marchan, dejando basuras en el suelo en una muestra aberrante de falta de civismo. Hasta los turistas hacen lo mismo, pero en sus ciudades no ensucian ni se emborrachan en sitios públicos, pues no los dejan. Aquí lo hacen ante la falta de autoridad.
¿Y qué decir de la prostitución, vendedores ambulantes apropiados del espacio público, atracadores, ladrones y mendigos disfrazados de cuidadores de carro? ¡Ay de quien no les dé plata, porque rayan el carro!
Y ahora tenemos el nuevo fenómeno de las pandillas de extramuros. Casi todos los domingos y días de fiesta se vienen a las playas de Bocala. Llegan como una jauría amenazante. ¡Ay de quien quede en mitad de ellos! ¡Corran niños, abuelas, padres! ¡Corran fuera de los parques y paseo peatonal porque la “manada” se apodera de ellos, y agarren los juguetes, bolsos, celulares y todo, pues se roban lo que quede mal puesto! Caminan por la mitad de la calle con mirada desafiante. ¡Cuidado con pitarles o mirarlos maluco! ¡Líbrenos Dios!
La Policía se limita a escoltarlos y de seguro le piden a Dios que no se “alebresten”. Caminan y lanzan palabrotas, burlándose de una Policía que no demuestra autoridad, y también de nosotros, que nos limitamos a observarlos despavoridos desde los balcones de nuestras jaulas, esperando a que pase el peligro para respirar de nuevo.
Exigimos a las autoridades que se aplique la ley y el orden con rigor. Si es necesario que se militarice a Bocala para evitar el accionar de estos vándalos, ¡pues que se haga! ¿Cuál será el futuro del turismo en Cartagena, cuando se corra la voz de que en el barrio de los glamorosos hoteles no se puede caminar gracias a las pandillas?
Señores raizales de Bocala, nosotros también tenemos derechos. Para eso pagamos impuestos. Hay que exigirlos. Los demás barrios lo hacen.
*Habitante de Bocagrande