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Como si no bastara más de medio siglo en guerra ahora los colombianos hemos fomentado una batalla en las redes sociales, curiosamente por el tema de la paz. Insultos, injurias, calumnias, matoneos, amenazas, vivimos a diario en Twitter, Facebook y cualquier medio virtual  en donde interactuamos con desconocidos. Hemos sido víctimas y victimarios. Sin duda el impacto se ha sentido, por eso hace un par de semanas, el Presidente de la República, escribió un par de tuits cuestionando a los que pedían la guerra desde sus cómodos escritorios, sin vivirla en carne propia.

Quizá el presidente Santos envió esos mensajes pensando en su principal opositor, Álvaro Uribe Vélez, quien tuitea como si estuviera en medio de una cruzada, algunas veces se ha evidenciado que muchos de sus mensajes en twitter muestran imágenes que no corresponden a la realidad del país y que la información que “revela” no es veraz, pero como se trata de él, “el gran colombiano”, sus millones de seguidores le creen y replican sus mensajes, la desinformación y la violencia se esparce por la red donde muchos incautos y medios que no investigan porque todo lo quieren sacar de Twitter, caen. Entrar a cuestionar a Uribe trae como consecuencia –porque lo he vivido- que cientos de cuentas falsas te fustiguen, te señalen de guerrillero, de comunista (como si ser comunista fuera un delito), y quedes envuelto en un matoneo que pareciera no tener fin.

De otro lado, están los que reaccionan (reaccionamos) muchas veces de manera poco adecuada a eso insultos y a esa furia uribista, también provocamos, hay que admitirlo, terminamos presos de la ira devolviendo el golpe, respondiendo y recordando los delitos por los cuales se están siguiendo procesos judiciales y se han condenado a ministros, militares y demás funcionarios del gobierno de Uribe Vélez.

Pero mientras libramos la gran batalla en redes sociales y creamos etiquetas que volvemos tendencia pretendiendo cambiar el mundo, están los que  no prestan atención  a nuestra  guerra virtual porque viven en medio de la guerra real, mientras sus familiares mueren, mientras oyen ráfagas de fusil, mientras caminan para desplazarse de un lugar a otro, huyendo de la violencia, con temor de pisar una mina. Ellos claman por la paz.

Este país no puede vivir tantas guerras al mismo tiempo; los medios por su parte deben dejar de hacer caso a todo lo que se dice en redes sociales, si bien es cierto y hay causas valiosas y campañas que promueven la solidaridad, también es cierto que  muchos mensajes buscan dividir, sembrar odios, desinformar y terminan consiguiéndolo.

Parece increíble que estando a punto de desarmar por la vía del diálogo a una guerrilla que el Estado no pudo combatir por medio de las armas, existan personas que se opongan a ello y que además tengan tanto eco en la prensa nacional y en los colombianos, lo más triste es que se trata de personas que no viven el conflicto.

Las próximas generaciones no nos perdonarán si permitimos que las voces de los que piden guerra desde un celular o un computador, opaquen a las voces de los que claman paz desde las zonas en donde siguen oyéndose los bombardeos, los disparos y en donde la tierra está saturada de cadáveres. Los polarizados y los furiosos no pueden negarnos el derecho a vivir en un país mejor.

rebecacolumnista@outlook.com

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