El 13 de diciembre de 2015 pasó a la historia como el día en que el mundo llegó a un acuerdo para combatir el cambio climático. Tras dos semanas de intensas negociaciones los representantes de los 195 países reunidos en París acordaron limitar el aumento de la temperatura mundial en 2 grados centígrados. Hubo celebraciones y aplausos pero el planeta no quedó a salvo. Los compromisos de reducir las emisiones de gases no fueron suficientes para garantizar esa meta.
“Seguiremos trabajando”, dijeron los negociadores, y se comprometieron a reportar cada cinco años sus avances hasta lograrla.
Cinco años… Al salir de la cumbre fui al Monte Saint Michel, en el norte de Francia, uno de esos lugares históricos que han aprendido a sacarle provecho a las altas mareas, y paré a tomarme una copa en un bar de Saint Marcan, un pueblo de apenas 500 habitantes. El tema central en el lugar eran las inundaciones que por esos días afectaban a Inglaterra. Para el 22 de diciembre en el Reino Unido había más de 100 alertas de inundación. “Mis amigos perdieron todas sus cosechas”, comentó alguien. No había otro tema.
A pesar de que era mediados de diciembre, el resto del viaje por Europa lo pasé en un clima otoñal que mantuvo guantes y gorros entre la maleta. Del invierno que hace parte del ciclo natural en esa región nada supe.
A mi regreso a Colombia el tema era el mismo. El país enfrenta una de las peores sequías de su historia, producto de un fenómeno de El Niño incrementado, posible efecto del cambio climático.
El sector eléctrico del país está en apuros ante el descenso del agua en las hidroeléctricas y de ríos como el Magdalena, que están en sus niveles más bajos. Los incendios, producto del calor y de la irresponsabilidad de la gente, proliferan en el país; ganaderos y agricultores se quedan sin agua. Además, el Caribe ya va para su tercer año de sequía. “Esto apenas está empezando”, me aseguró durante la Cumbre Ricardo Lozano, exdirector del Ideam. “El Niño apenas comienza”.
¿Qué hará el país? Las temperaturas seguirán subiendo y la intensidad de fenómenos como El Niño, incrementándose. La única opción es prepararse, cuidar cuencas y bosques para mantener la agricultura en los tiempos de lluvia y de sequía. Necesitamos proteger los bosques también para regular las temperaturas y para reducir las emisiones.
Pero mientras los discursos políticos, como los que cerraron con esperanza la Cumbre de París, vayan en contravía de las acciones estatales y de los ciudadanos, el acuerdo del 13 de diciembre será un fracaso. De todos depende que no sea así.
*Profesora, Programa de Comunicación Social UTB
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