Quien desconoce la historia está condenado a repetirla. Esa es la cuestión colombiana. Colombia ha pasado por varias crisis del sector externo. La causa es la alta dependencia de productos de exportación del sector primario, uno de los cuales marca el porcentaje mayor. En el pasado fue el café, cuya fluctuación de precio en los años 60 del S XX originó una fuerte crisis cambiaria que llevó al presidente Carlos Lleras R. a iniciar una política económica de grandes reformas en cuya base se destacaba diversificar exportaciones para poner fin a las continuas borrascas económicas por la baja en los precios del café.
La diversificación exportadora y la intención de vender productos de alto valor agregado nacional no eran novedad en los medios académicos como tampoco en la política económica de otros países. El ejemplo más notorio es de Corea del Sur: en 1960 exportaba unos 400 millones de dólares mientras Colombia llegaba a 600 millones, y con iguales problemas generados por el sector exportador. Las ventas externas de ambos países provenían del sector primario, sobre todo agrícola. Después de 30 años, Corea exportaba más de 100.000 millones de dólares, destacándose productos industriales de alto valor agregado nacional con tecnología de punta.En el Decreto 444/67 se plasmó fomentar las exportaciones diferentes del café y otras tradicionales, creándose el Fondo de Promoción de Exportaciones. Si bien empezó concientizando a los productores nacionales y creando estímulos a las exportaciones no tradicionales que dieron buenos resultados, la dinámica en posteriores gobiernos languideció ocultando el poco resultado en eslóganes como el de “hacer de Colombia el Japón de Suramérica”.
A pesar de conocerse la necesidad de exportar artículos de alto valor agregado, la situación del sector externo es casi la misma del pasado. Las cifras descubren la realidad y acallan los eslogan. Dependemos del petróleo y carbón, cuya participación en exportaciones es mayor al 40%. Con la disminución del precio, la balanza comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones) es deficitaria, y llegó a US$14.508 millones en 2015 (Dane), encareciendo las divisas y a la desvalorización del peso.
Una devaluación favorece a las exportaciones si la estructura productiva y comercial del país puede producir con calidad y precio los productos que demandan del exterior. De no ser así, habrá un continuado déficit de divisas que afectará negativamente diferentes variables de la economía. Ese es el origen de la crisis actual.
ALFREDO GARCÍAalgaz@costa.net.co
