Colombia y desafortunadamente la Región Caribe, están frente al proceso de destape más importante del país en las últimas décadas. No se inició este hecho en Colombia como hubiera sido deseable sino gracias a la justicia norteamericana.
Pero por fortuna la Fiscalía colombiana respondió rápida y acertadamente y ya hay dos personajes en la cárcel. Obviamente es el caso de los sobornos de Odebrecht a personajes que han tenido responsabilidades públicas en nuestro país. Y apenas está empezando este proceso de identificación de los grandes y poderosos hilos de corrupción política que crearon la nueva clase de millonarios en Colombia. Se había dicho antes: los nuevos ricos no son solo los narcos sino los contratistas corruptos del Estado.
Duele mucho que hasta ahora los claramente implicados y los que se mencionan pertenecen a la clase política de nuestra región. Duele aún más que algunos, como el caso del ex viceministro de Transporte, sea una de las figuras nuevas identificadas como futuros líderes de la sociedad cartagenera. Sorprende, sin embargo, que las personas cercanas a quienes ya confesaron su participación en semejante escándalo, no se hubiesen dado cuenta del enriquecimiento ilícito de estos personajes.
De nuevo, ¿la plata da vía libre para todo?
Pero la historia apenas empieza, la enredada madeja solo muestra sus primeros hilos. Recibir 11 millones de dólares en este país es una cifra desproporcionada que no puede haber beneficiado solo a dos personas. Eso sí, bobitos, no. Mucha gente más poderosa tiene que haber estado envuelta en algo de estas dimensiones y lo fundamental es que con la misma celeridad del proceso hasta ahora, se sigan encontrando las otras fichas que seguramente pondrán a temblar a este país.
Es hora de que empiecen a salir a la luz pública y reciban el castigo que merecen.
Se acabó la ética profesional en Colombia porque los dos últimos personajes que se han declarado culpables de un crimen horrible y de semejante grado de corrupción son egresados de las dos universidades donde se educa esa ‘elite privilegiada de este país: la Universidad Javeriana en el caso de Rafael Uribe y de la Universidad de los Andes, economista, además, en el caso del ex viceministro García.
Para completar en el caso de corrupción, hasta ahora los involucrados pertenecen a esa terrible clase política de la Región Caribe, nunca suficientemente evaluada ni sometida a escrutinio público. Los costeños nos debemos sentir responsables de por lo menos haber carecido del olfato necesario para no promover o elegir a semejantes personajes.
Cuando conozcamos todo el entramado de este necesario destape, hagamos el foro de La Región Caribe sobre los valores de este liderazgo político que tenemos. Nuestra generación morirá con el pecado de haber sido permisiva con lo inaceptable, pero actuemos de manera que nuestros descendientes no lo sean.
Presidente y Fundador CiSoececilia@cecililopez.com
