Lo ocurrido recientemente en Mocoa, en donde cientos de personas perdieron la vida, no solo demostró lo mal que está nuestro país en temas de prevención de desastres por inundaciones, sino además lo insensibles que son algunos compatriotas cuando ocurren este tipo de catástrofes que enlutan a la nación.
Aquel lamentable hecho coincidió con un suceso político como lo fue la marcha de uno de los sectores de la oposición al gobierno actual. Para mí está claro que las marchas son legítimas sobre todo si son pacíficas y que es un derecho constitucional expresarnos libremente a través de las vías que consideremos necesarias para hacerlo. Pero todavía no logro entender expresiones como la del periodista Édgar Artunduaga, quien en su cuenta de Twitter manifestó lo siguiente: “Los muertos del Putumayo salvaron a Santos del hundimiento y la vergüenza política, tras la marcha del 1 de abril”. Es realmente triste y dice mucho de la sociedad en la que vivimos, que haya colombianos lamentándose porque todos los muertos que quedaron debajo del barro, le “restaron importancia” a una manifestación. También es aterrador que piensen que el gobierno está sacando provecho político de la situación (como se lo he leído a varios), cuando lo que está haciendo es enfrentar la calamidad, es decir, cumpliendo con su obligación. Si no lo hiciera entonces calificarían al gobierno de “inhumano e insensible”, ¿quién los entiende?
La tragedia de Mocoa no debe compararse con el impacto de la marcha. Hoy todos (¡unidos!) debemos enfocarnos en ayudar a los sobrevivientes, en exigir medidas efectivas por parte de las autoridades y sobre todo, en pedir firmemente que se tengan en cuenta prevenciones para que no se vuelvan a repetir estos hechos. Leí en un artículo de la revista Semana: “La Universidad Nacional alerta por los riesgos que enfrentan varias cabeceras urbanas que invadieron las rutas que ocupan los ríos cuando crece su caudal. En 385 municipios se podría repetir la tragedia de Mocoa”, ¿estamos preparándonos para evitarlo? Decía en días pasado Gustavo Wilches Chaux: “Hemos aprendido a atender a los náufragos pero no a evitar los naufragios”. No podemos esperar a ver quiénes serán los próximos muertos, las próximas viudas y huérfanos. Es deber de las autoridades –desde el gobierno nacional para abajo- rodearse de expertos e implementar los planes y las acciones que sean necesarios. Repito: todos debemos estar unidos en esto, aquí no tiene que haber divisiones, se trata de salvar las vidas de miles de personas.
Paradójicamente, el gobierno y millones de colombianos celebramos el desarme de la guerrilla más antigua de América Latina porque traerá paz, progreso y evitará muertes, ¿pero entonces ahora las muertes vendrán por el lado de la falta de prevención y la desidia estatal? ¿Se puede hablar de un país que progresa cuando no tiene la capacidad para evitar tragedias como la de Mocoa y Salgar? Algo no encaja en eso.
Invade la impotencia viendo las imágenes de los cadáveres y oyendo los relatos de los sobrevivientes, pero resulta mucho más desesperanzador saber que hay colombianos, algunos de ellos “líderes de opinión” enojados y frustrados, no porque lo de Mocoa fue una tragedia que se pudo evitar, sino porque lo acontecido “salvó” al gobierno actual. Para ellos la política está por encima de la vida. Lo anterior no desmerita la solidaridad de muchos otros colombianos que están haciendo donaciones y colectas para las víctimas de la tragedia, pero sí nos debe hacer reflexionar como sociedad: en el vaivén de tragedias y odios, no se nos puede ir la vida, ni la historia de nuestro país.
