Hay una expresión que se ha vuelto muy común y que incomoda a las autoridades de La Heroica porque es el reflejo de su poco interés en sectores de la ciudad diferentes al turístico: “las dos cartagenas”. Así se ha descrito durante mucho tiempo la división que se vive en Cartagena de Indias, en donde pareciera que hay una ciudad pensada para los turistas y aquellos con ingresos económicos suficientes para poder vivir en ella y, por otro lado, existe “la otra Cartagena” compuesta por un mayor número de ciudadanos que les ha tocado padecer la desidia administrativa, el abandono y la exclusión.
A continuación, describiré un hecho (de los innumerables que existen) que refleja cómo se sigue afianzando la existencia de esa Cartagena que poco parece importarle a quienes tienen la obligación de implementar acciones que permitan que todos los ciudadanos, sin excepción, puedan vivir (o sobrevivir) en condiciones dignas: La UPA (Unidad Primaria de Atención) del barrio Daniel Lemaitre, es hoy una obra abandonada donde –según lo informó el noticiero del Canal Cartagena– habita una familia en condiciones precarias, careciendo de servicios públicos y sanitarios. Este centro de salud fue uno de los intervenidos con el crédito de doscientos cincuenta mil millones de pesos que hizo la administración anterior y solo lleva un 20% de avance de obras, encontrándose paralizada su construcción desde hace más de un año.
Pude oír en el noticiero local las quejas del presidente de la J.A.C del barrio Daniel Lemaitre y era evidente su frustración y desespero al comentar que las autoridades de la ciudad no lo atienden, no lo escuchan y lo tienen de un lado para otro, sintiéndose completamente ignorado. Qué doloroso es el rechazo pero aún más el saber que en una ciudad como Cartagena de Indias esto se ha convertido en paisaje, en algo cotidiano que hemos aprendido a sobrellevar.
Por otro lado, en la Cartagena que es prioridad, hemos podido ver cómo las autoridades, de manera entusiasta, trabajaron arduo para que durante la Semana Santa los turistas pudieran disfrutar de una ciudad segura y con todo lo necesario para brindarles una buena atención. Se incrementaron los operativos de la fuerza pública, hubo importantes jornadas de limpieza, se hizo mantenimiento de la luminaria en las plazas, calles principales y monumentos de la ciudad, entre otros. Y eso está bien. Si somos una ciudad turística y son importantes los ingresos que se reciben por el turismo, así como la generación de empleo a través del mismo y lo llamativo que podemos llegar a ser para el mundo, vale la pena que se siga trabajando en ello. Pero lo que genera inquietud es por qué esa proactividad y valiosa gestión que vemos en las autoridades en época de vacaciones o cuando se llevará a cabo un importante evento, no la observamos de igual manera para resolver problemas como el de la UPA de Daniel Lemaitre.
El hacer sentir a una parte de la ciudadanía que no importa o que la solución a sus problemas puede esperar porque se deben atender asuntos “más relevantes”, además de inconformismo, va alimentando el resentimiento, la falta de sentido de pertenencia y genera más división entre los habitantes de la ciudad. Cartagena de Indias no puede seguir pensada en dos: los ricos y los pobres, “los negritos” y “los blanquitos”, los que viven antes de Bazurto y los que viven después de Bazurto, los turistas y los cartageneros; ¡¿hasta cuándo con eso?! Debemos tomarnos en serio la posibilidad de ser una ciudad realmente incluyente, que entienda la necesidad de generar espacios en donde todos podamos convivir a pesar de nuestras diferencias, y en donde la administración tenga interés en implementar políticas que permitan trabajar en varios frentes al mismo tiempo, porque atender a unos no debe llevarnos a olvidarnos de los otros. Una eficiente administración no se concibe como aquella que enfoca todos sus esfuerzos en un solo frente mientras el resto de la ciudad se estanca.
Entonces: ¿a las autoridades les interesará atender las peticiones de la Cartagena que no es turística? ¿Es posible que se tenga en cuenta a la comunidad de Daniel Lemaitre y se termine de construir el centro de salud del sector, o acaso estamos presenciando otro “monumento a la corrupción”? Al paso que vamos, estos “monumentos” superarán en número a los que nos dejó la Cartagena antigua, hoy visitada y apetecida por miles de foráneos.
