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Lo que sucede con la campaña presidencial para 2018-2022 terminará en lo que solo nosotros, los del Caribe colombiano, entendemos: en un buen sancocho costeño. Ese que tiene 7 clases de carne, yuca, ñame, ahuyama, batata, plátano verde y maduro y pimienta negra y de olor, entre otros muchos ingredientes. Sabe a gloria, pero veamos qué pasaría con algo similar en la próxima elección presidencial.

En la revista Semana aparecen unos cálculos matemáticos del el Centro Nacional de Consultoría, que analizan no solo el número de votos de las alianzas anunciadas y las que se perfilan, sino cuánto aportan en sufragios cada uno de sus principales miembros. Sin analizar todos los vericuetos de este interesante y complejo manejo de datos, dos conclusiones son pertinentes para nuestra atrevida comparación.

La primera y la más importante es que ninguna alianza sola llega a la Presidencia. La que más votos obtiene es la de Marta Lucía, Centro Democrático, el Partido Conservador y Ordóñez, hágame el favor, con 4,8 millones de votos. Estos son los del no, el no rotundo a todo. La de Cambio Radical, Partido de la U y el Liberalismo sacaría, 4,3 millones de votos. Que decadencia del Liberalismo. Esta es la de la Unidad Nacional. Las otras no están tan claras como se creía. Si a Fajardo, Claudia López y Robledo se les une Humberto de la Calle sacarían 4,5 millones de votos. Si se les une Petro les va peor, 3,2 millones de votos. Si el Liberalismo se une con Clara López y el Partido de la U tampoco les va de maravilla, 3 millones de votos. Y así sucesivamente. Es decir, ninguna llega. La que mejor le iría sería la del no si Germán Vargas se les une, lo que les daría 6,1 millones. Se necesita más que eso. Santos salió con 9 millones en 2010 y con 7,8 millones en 2014.

Si se esperaba una renovación de la política en sus costumbres, es mejor olvidarse de esto; las ideas se quedan en los discursos, si es que allí se encuentran, porque lo que importará es cuántos votos pone o quita cada candidato. O sea, la vieja política en su peor expresión. Bueno ¿y por qué se parecería esta campaña presidencial a un buen sancocho costeño? Porque quien sea electo a la Presidencia saldrá de la siguiente coalición: una buena dosis de no; otra dosis semiagria de la coalición de Gobierno; otra de la izquierda y finalmente la dosis de los de centro reforzado si va De la Calle o desdibujado, si llega Petro. Esto equivale a 7 tipos de carne, yuca, ñame, ahuyama, batata, tres clases de plátano y muchos ingredientes más. Y eso que le falta la dosis de oscurantismo de Ordóñez, que se reforzará con las ideas de Viviane Morales. Es decir, de ideología nada y de votos clientelistas todo.

Pero contrario a un sancocho costeño, este nuevo presidente o presidenta no generará mucha satisfacción a menos que suceda un milagro, porque estará totalmente desdibujado por llegar como un coctel de ideas, muchas contradictorias. Su programa de gobierno es difícil imaginárselo, porque será un mago o una maga, si pasa de presentar esas listas de mercado, llenas de buenos propósitos, pero esta vez absolutamente contradictorios. Pobre país.

CECILIA LÓPEZ MONTAÑO

cecilia@cecilialopez.com

 

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