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Sin la infraestructura educativa idónea difícilmente un proceso pedagógico puede desarrollarse con todo su potencial. Esa inversión, que le corresponde en esencia al Estado, ha caído sensiblemente en el Caribe colombiano en los últimos tres años.

Según el sistema de información del Ministerio de Hacienda, la inversión en infraestructura escolar en la región pasó de representar el 4,7% del total invertido en educación en 2014 al 3,7% en 2016. En dinero “contante y sonante” esto representó una reducción de $15.000 millones, al pasar de $209.738 millones a $194.613 millones en los años mencionados.

Este descenso es similar para el departamento de Bolívar pero es aún más drástico para Cartagena. En el Distrito la inversión en infraestructura educativa se redujo del 16% al 3% en tan solo tres años. En Magangué, otro municipio certificado por el Ministerio de Educación Nacional, el rubro también se contrajo.Estos resultados fueron presentados ayer en el Foro Políticas Públicas en Educación “Infraestructura Escolar. Las aulas en buen estado”, organizado por el Observatorio de Educación de la Universidad del Norte con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

Llamó la atención la inestabilidad que envuelve la asignación de los recursos de la educación, aspecto que ha impedido mejorar el impacto de la inversión en este frente. Por ejemplo, en Cartagena la construcción y rehabilitación de escuelas se financió con créditos de $62.345 millones de pesos en 2015, recursos que no sólo disminuyeron drásticamente en los años siguientes sino que tienen un bajo nivel de ejecución.

A esto se suma el preocupante rezago en la inversión departamental y distrital. En 2016 Cartagena tuvo inversiones por estudiante 15% inferiores al promedio regional, que es de $103.355 por alumno. En Bolívar el gasto por estudiante equivale a tan sólo 13% del indicador regional, mientras que en Magangué es del 53%.

La reducida capacidad de respuesta institucional acentúa el pesimismo ante el deterioro existente en no pocas sedes educativas en Bolívar. Se necesita que el espacio del aula garantice las mínimas condiciones de mantenimiento y limpieza, iluminación, temperatura y ausencia de ruidos externos.

Lo que es cierto para los estudiantes también lo es para los docentes. Recordemos que el conocimiento no se imparte en el vacío. Los espacios que permitan hacer clases más amables y la disponibilidad de recursos didácticos, tanto tecnológicos como tradicionales, son insumos indispensables para alcanzar la calidad educativa.

*Observatorio de Educación, Uninorte

COLUMNA EMPRESARIALavillarraga@uninorte.edu.co

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