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Elegir Carles Puigdemont al neerlandés, entre el francés y el alemán, los tres idiomas oficiales de Bélgica, para declarar ante un juez de Bruselas debido a la solicitud de extradición pedida por España, ha sido una jugada de ajedrez bien concebida. Escoger la lengua de Flandes, es tener como interlocutor a un magistrado neerlandófono y por consiguiente tener de su lado al nacionalismo flamenco, de claros intereses independentistas, y actualmente la primera fuerza política de Bélgica, que forma parte de la coalición del gobierno.

A simple vista vemos que el catalán lo que busca es extrapolar la situación secesionista de Cataluña, a las regiones que detentan autonomía y poderes en Europa.En Bruselas se ha reunido con miembros de la Alianza Neo-Flamenca (N-VA), un movimiento que desde el 2001, procura la independencia de Bélgica.

Son conversaciones que buscan solidaridades, aparte de alimentar nacionalismos regionales subyacentes, siempre existentes en el Viejo Mundo. Un continente donde abundan territorios con infinidad de lenguas, culturas e identidades propias, amén de los numerosos idiomas oficiales, hace que los movimientos independentistas afloren como maleza cada cierto tiempo.

Pero un inesperado movimiento realizado en el tablero el martes pasado, como fue retirar las órdenes internacionales de detención, proferidas por el magistrado Pablo Llarena, desmantela y deja sin piso la defensa que pudiera argüir ante la justicia belga el catalán.

Habilidosa maniobra, que obliga a preparar otra estrategia a su abogado, Paul Bekaert, muy conocido de marras en España por haber defendido a terroristas y colaboradores etarras. Eso sí, el juez deja en firme la detención en España, por lo que si Puigdemont gana los comicios del 21 de diciembre, no podrá asumir el cargo, pues sería capturado.

Ya lo advertía Samuel Huntington en su “Choque de Civilizaciones”, que los actores políticos principales del siglo XXI serian las civilizaciones. Que dichos conflictos ya no serian ideológicos, sino que los ingredientes principales de ellos serían nacionalismos o chauvinismos, de culturas más o menos cerradas, en contravía de otras civilizaciones con tradiciones y costumbres diferentes. Y lo estamos palpando. Recordemos la desintegración de la antigua Yugoeslavia, la disolución en el siglo XX de la Unión Soviética, y en este siglo la independencia de Kosovo.

Por lo pronto, las jugadas de Puigdemont mantienen en jaque a la Triple R (Rajoy, Reino y Rey). Desde luego España acaba de hacer un movimiento que le da aliento para buscar la jugada maestra que acabe con el sedicioso, pero llegar a la casilla de la pieza secesionista de Cataluña y debilitarla le permitirá finalmente dar el jaque mate para ganar la Copa Independencia que se juega en la Madre Patria.

 

jorgedavilapestana@hotmail.com

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