Se viene hablando y está de moda la “economía naranja” y, aunque es un asunto complejo intentar definir esa mezcla entre cultura, creatividad y economía, es necesario entender que hacemos referencia a emprendimientos o negocios que suman talento, innovación y vocación con enfoque en diseño y TIC.
En los últimos años tomó tanta relevancia este sector que hoy en el mundo se logró su cuantificación financiera y la definición de una batería de indicadores que lo demarcan. En Colombia, desde el 2005 el DANE abrió la cuenta satélite de cultura para cuantificar su participación en el PIB. Desde 2016 se han publicado datos y, tal como lo señala Portafolio la semana pasada, en 2016 y 2017, las industrias culturales aportaron a la economía entre el 4% y 5% (alrededor de $15 billones), más que el café, el principal producto agrícola de exportación nacional tradicional, que no alcanza el 1,5%.
El naranja es un color que relaciona calidez, diversidad y alegría, adjetivos que definitivamente denotan el Caribe y de manera especial a Cartagena. Nuestra ciudad y su gente tienen las condiciones adecuadas para fomentar una gran apuesta al emprendimiento cultural. No tenemos límites en creatividad, nuestra estructura mental nos distingue, el sólo dato de que en la Gran Cuenca del Caribe coexisten y conviven más de 42 culturas en paz y armonía y que tiene 3 premios Nobel de Literatura, marcan la diferencia.
Como Cartagena, tenemos fortalezas en la danza, la música y la actuación, pero también una enorme capacidad creativa de contenidos para las plataformas audiovisuales y digitales. He allí el gran reto, el de motivar a nuestros artistas complementando su talento con la vocación del emprendedor y haciendo ver a la sociedad lo importante de las apuestas productivas naranja, ello exige una manera diferente de hacer negocios, vale la pena y es una realidad empresarial vigente.
Desde la Cámara de Comercio trabajamos en impulsar a quienes deciden iniciar el camino por esta senda, pero indispensable hay que romper los esquemas y los paradigmas de que lo rentable siempre son las empresas productoras de bienes y de prestar servicios tradicionales.
Los esfuerzos deben hacerse desde todos los frentes, orientados por la política pública, que genera los incentivos y viabiliza el desarrollo de este sector. Confiamos en que el nuevo Gobierno, que viene con una línea de ideas frescas, cumpla con la palabra empeñada sobre promover el desarrollo de las industrias culturales en el país.
