Columna

Marihuana: ¿Nos dejará el bus?

Compartir
RUDOLF HOMMES
23 SEPT 2018 - 12:00 AM

Mientras en este país pensamos en acabar con la dosis mínima personal de marihuana y en cómo fumigar los cultivos de coca, desestimando sus consecuencias ambientales, sociales y de salud pública, Coca Cola anuncia que explora la posibilidad de incorporar bebidas derivadas de la marihuana a su portafolio de productos. Esta yerba incursiona como insumo en la producción de bebidas que contienen canabidiol, un ingrediente de la marihuana que no es psicoactivo y se usa contra el dolor. Este ingrediente se ha venido propagando en bebidas que hacen sentir bien a los que las consumen (wellness drinks), y Coca Cola ve con mucha atención la evolución de esas bebidas, explorando si participa en ese mercado, quizá para hacerlo evolucionar y potencialmente “apropiarse” de él (Financial Times, septiembre 18, 2018).

La película “Pájaros de Verano”, de Ciro Guerra, que aún se exhibe en los teatros colombianos, muestra lo que dejó la marihuana en la Guajira. Una sociedad que tenía instituciones ancestrales para resolver sus conflictos, para escoger pareja y reglas muy claras de comportamiento, sucumbe a la codicia, es infiltrada por extraños sin limitaciones para usar la violencia y encara la destrucción. Llegó la marihuana y acabó con todo. La película es un fresco sobre lo que le pasó a Colombia, primero con la marihuana y luego con la coca y la amapola. 

Los países consumidores se benefician comercialmente ahora. En Estados Unidos, muchos estados legalizaron el uso de la marihuana, por lo menos con fines medicinales y la producción que tiene ese mismo propósito. En áreas rurales aisladas se produce ilegalmente en extensiones de terreno relativamente grandes; y en las ciudades, en galpones que consumen cantidades industriales de energía, con la complicidad o tolerancia de las autoridades. La investigación sobre la planta, su cultivo y sus derivados medicinales avanzó tanto que ya no es mucha la que exportan los países originalmente productores. El anuncio de que Coca Cola está interesada en el negocio augura un futuro brillante para su uso dentro de la ley.

Es una lección que tiene que dejar algo. Aún podríamos rescatar parte de lo perdido si se admite y se fomenta que las universidades exploren esas posibilidades y aumente el cultivo para fines terapéuticos. Y respecto a la coca, no podemos ignorar la posibilidad de que en unos años decida Coca Cola regresar a sus orígenes y comercialice un té de coca azucarado y gasificado, o chicles de hoja de coca con sabor a menta. No debemos emprender la erradicación indiscriminada sin conservar las mejores selecciones genéticas de esa planta y preservar y aumentar con investigación científica el inmenso conocimiento de las comunidades indígenas sobre las propiedades alimenticias y medicinales de la coca y sobre sus derivados, y asegurar las patentes y la propiedad intelectual correspondientes. También es necesario respetar los derechos de esas comunidades indígenas a usar la planta y a que se protejan sus valores y prácticas culturales.
 

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News
Publicidad