“El golpe avisa” es una frase que comúnmente no se dice en serio. Por ejemplo, si va a parquear un carro en reversa y alguien que está afuera atento se la menciona (“Dale que el golpe avisa”), usted sabe que es una típica mamadera de gallo e intentará frenar en el momento justo. Pero si nadie le advierte y usted no pone cuidado a los retrovisores, lo más seguro es que el aviso de “pare” llegue con el golpe.
Ya en serio, el golpe avisa cuando no hay prevención, cuando el descuido y desinterés se toman una situación. Cuando uno “se duerme en los laureles”. Su resultado va siempre acompañado de un “te lo dije”, como les dirían los padres a los hijos que no escucharon consejo.
Cuando el golpe avisa es porque el tiempo de espera se acabó. Cuando lo malo llega de sorpresa.
A veces hay golpes que avisan para alertar, para corregir y hasta para empezar de nuevo algo; pero nunca un golpe debe ser trágico, pues si noquea, estamos hablando de un golpe mortal y eso es más grave. Se hizo demasiado tarde.
Ese tipo de golpes, cuando avisan, son dolorosos e inaceptables. Un ejemplo de eso es lo que sucedió con la caída del edificio en Blas de Lezo, donde 21 personas murieron y 22 más quedaron heridas. Es decir, tuvo que pasar de esa manera para que entonces sí las autoridades descubrieran una decena de edificaciones ilegales más en la ciudad con riesgo de colapso. Se construyeron con licencias falsas y al parecer ninguno se daba por enterado. Lo inconcebible es que pese a los estudios de prestigiosas universidades que recomiendan demolerlos, aún varios apartamentos siguen habitados.
Y así hay varias situaciones que vemos a diario en la ciudad o que leemos a través de las noticias; sin embargo, pareciera más bien que se está esperando a que el golpe avise. No más es salir a la playa en carro, a Barú o Manzanillo, por ejemplo, para presagiar cómo algún día, de no corregirse a tiempo, puede morir alguien en la vía porque varias personas se les tiran a los vehículos con el objetivo de llevarte al sitio donde ellos quieren.
Hay golpes que se tratan de contener con pañitos de agua tibia, y sirven, pero solo para bajar la hinchazón por un rato. Miren lo que pasa con el puente Las Palmas, ese por donde hoy debería circular Transcaribe de Manga al Pie del Cerro, pero como está quebrado, no se puede. La primera solución fue restringir el paso de vehículos pesados, pero la de curar el puente como se debe, no tiene fecha fija (ojalá que no sea con cáscara de huevo).
Para finalizar, es lamentable que esperemos a que “el golpe avise” con muerte, como en Blas de Lezo. Absurdo lo que pasó también en Cholón, donde murió una joven estudiante barranquillera impactada por un yate. Después de su deceso, entonces ahora sí, corrieron las autoridades a tomar medidas para evitar que se repita una tragedia de esas, en una isla que estaba al garete, sin control, donde todos sabían que algún día eso podía pasar.
¡Te lo dije!
Periodista. Magíster en Comunicación. Twitter: @javieramoz
