La Margot que acaba de fallecer y que yo conoci, no se refería al Nobel y hombre universal de su familia con algo que no fuera un afecto profundo, desprovisto de orgullo desmedido; lo llamaba mi hermano o Gabito y era como si en su mente sobreviviera el niño con quien fue a vivir a la casa de sus abuelos maternos en Aracataca. “Según Gabito, yo llegué a esa casa como un ser de otra vida y estaba medio moribunda; yo no sé si es verdad o es que él en su imaginación de niño me veía así. Tenía fama de embustero porque ya entonces lo agrandaba todo y el resto de la familia dejó de molestarlo por eso cuando el doctor Barboza le dijo a mi mamá que las mentiras en los niños eran prueba de talento”. Le pregunté si era cierto que se leían los pensamientos. Sonrió antes de responder: “En la casa de Aracataca la única que leía los pensamientos era la tía Petra, que era ciega pero veía en la oscuridad.” Pero él refiere que entre ustedes había una complicidad muy rara y que se adivinaban el pensamiento como cuando una mañana sonó el silbato del tren como a las once. Ah, sí”, interrumpió. “Yo me di cuenta que él estaba pensando que en el tren llegaba el médico con su pócima de purgante y yo lo acompañé a esconderse debajo de la cama hasta que el hombre se fue. Cuando nos encontraron, mi abuela dijo que con nosotros no se necesitaban telegramas.” Eres muy mencionada en su obra. Podría afirmarse que la más mencionada de sus hermanas. ¿Te reconoces en este fragmento? “Nadie entendía como estaba viva sin comer, hasta que se dieron cuenta de que solo le gustaba la tierra húmeda del jardín y las tortas de cal que arrancaba de las paredes con las uñas”. Margot estaba apenada y se llevó las manos a la cara. “Ay, Gabito, ay, hermanito”. Era una mujer austera en el vestir y casi se podría asegurar que en su ropa nunca hubo colores estridentes. Su voz era aniñada, y sus maneras dulces y tiernas. Sus rasgos físicos eran muy parecidos a los de Gabo. “Margot, dijo esto; Margot, dijo aquello. Gabito no me ha metido en un lío porque Dios es Grande”. Le pregunté si se refería a su participación en Crónica de una muerte anunciada”. “Claro, figúrate. Meterme en la vida de Margarita Chica”. Margarita Chica fue la mujer que en la vida real fue rechazada por el marido después del matrimonio por no encontrarla virgen. La tragedia se vivió en Sucre (Sucre), pueblo donde los García Márquez vivieron un tiempo. “En Crónica tú eres un personaje esencial porque tienes conocimiento de muchos sucesos que al narrador le van a servir para escribir la trama.” Ella suspira y dice que es una lástima que en esa época hubieran pasado cosas lamentables como esas. Como si se acordara de repente de mi última afirmación, dice:”Qué va, mija. Todo lo que yo salgo haciendo en ese pueblo es ir corriendo de un lado a otro para llevar y traer noticias”. Vuela alto Margot.
