Columna

Colombia enferma

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LUIS CARLOS DÍAZ
25 JUN 2021 - 10:46 PM

En Colombia sufrimos el síndrome de infraestructura precaria aguda. Los síntomas que se presentan son diversos, y varían según la región o ciudad en donde se encuentre. De la lista hacen parte obras necesarias, pero no implementadas; obras iniciadas sin terminar; y, entre otros síntomas, obras prometidas e incumplidas.

En Bogotá, por ejemplo, ese último síntoma es el más agudo. “¡Bogotá tendrá metro en tres años!”, fue la noticia que un reconocido medio periodístico anunciaba con ahínco para dar a conocer el avance que la capital colombiana tendría en su oferta de transporte. Causa una enorme sorpresa la corta cantidad de tiempo que requeriría construir tan vasta infraestructura a lo largo de toda la ciudad. Pero la verdadera impresión surge luego de saber que el titular apareció el domingo 5 de abril de 1987.

Luego de 34 años, Bogotá aún no tiene metro y se detecta como un síntoma que advierte sobre los graves problemas que acusa Colombia cuando se trata de mejorar su infraestructura física y de cumplir con los tiempos anunciados de construcción.

En un episodio reciente, las víctimas del huracán Iota en Providencia son los antagonistas de una historia protagonizada por el presidente Iván Duque. A pesar de que en noviembre de 2020 se anunció un plan de 100 días para la reconstrucción de la isla colombiana en el Caribe, según Findeter, hoy, siete meses después, solo 57% de las viviendas han sido reparadas o reconstruidas.

Los casos que describen la sintomatología son múltiples. Algunos, como las obras de protección costera en Cartagena, tardan más de lo debido para ser implementados. Otros, como mejorar las condiciones de transporte de carga por el río Magdalena o construir una red ferroviaria que conecte eficientemente las diversas regiones del país, no toman lugar a pesar de que se reconoce que al hacerlo se crea un entorno favorable para la competitividad y para la actividad exportadora e importadora.

Algún puñado de proyectos más, como la ampliación y modernización de la vía Panamericana, nos dejan mal parados frente a nuestros pares internacionales, como Ecuador.

Es preciso reconocer que la pandemia del COVID-19 llegó para empeorar a un paciente ya delicado, pues socavó el déficit fiscal y puso a Colombia en un escenario poco promisorio. Sin embargo, también es cierto que minimizar la displicencia de la dirigencia política local y nacional, y destinar con mayor eficiencia el gasto público, son un par de píldoras que pueden ayudar al país a reducir los síntomas de tan grave sufrimiento.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Escuela de Negocios y del IDEEAS, UTB.

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“Los casos que describen la sintomatología son múltiples. Algunos, como las obras de protección costera en Cartagena (...)”.

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