La labor de Cartagena Cómo Vamos (y, en general, de la red Cómo Vamos en el país) es un elemento fundamental para la política pública regional. Recopilar y poner a disposición del público información relativa a las diversas dimensiones de la calidad de vida de los ciudadanos ofrece criterios sobre qué aspectos y sectores se deben priorizar al invertir los recursos públicos.
Lo irónico es que los más recientes resultados de la medición de la calidad de vida en Cartagena muestran que todos los sectores deben ser priorizados: la educación oficial, la salud, los servicios públicos, la vivienda, el medio ambiente, las finanzas y la gestión pública, la infraestructura y espacio público, la movilidad, y el desarrollo económico y la pobreza.
La situación de la ciudad prende las alarmas para que tanto la actual como las próximas administraciones locales hagan algo más por los ciudadanos.
Según las cifras recopiladas por CCV, entre 2019 y 2020 empeoramos en 20 de los 50 temas evaluados, 21 permanecieron iguales, y solo algunos pocos mejoraron moderada o significativamente. De estos últimos, resalta la deserción estudiantil, pues a pesar de haber avanzado significativamente, aún continúa en niveles “críticos”.
También las muertes maternas, los casos de dengue, el embarazo adolescente (en salud), la cobertura de acueducto, alcantarillado e internet (en servicios públicos), el déficit cualitativo de las viviendas, y la malla vial (en infraestructura y espacio público) estaban en 2020 en estado crítico. Esta compleja situación impone desafíos importantes para los conciudadanos, que ven y sienten cómo su calidad de vida cae al piso.
Es preciso resaltar que los avances que la seguridad registró entre 2019 y 2020 son los más notorios. Aunque la ciudad empeoró en el número de homicidios, tuvo avances significativos en la reducción del número de hurtos, los delitos sexuales, y la violencia intrafamiliar. Con la actual ola de inseguridad crece la expectativa de cómo serán las cifras de 2021.
El desarrollo económico y la pobreza también presentan un estado delicado. En los últimos dos años empeoraron el desempleo, el empleo informal, la pobreza, la indigencia, la desigualdad y la supervivencia empresarial. La llegada de la COVID-19 es responsable de gran parte de lo sucedido.
Se espera que con la reactivación económica muchos de estos indicadores puedan mejorar en un futuro cercano. El reto está en identificar con claridad la mejor manera de usar los insumos que nos ofrecen entidades como CCV para tomar buenas decisiones.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor, Escuela de Negocios e IDEEAS UTB.
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