Columna

Colombia desigual

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LUIS DIAZ
12 NOV 2021 - 09:26 PM

Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Los ingresos del 10% de la población más rica es 11 veces mayor que la del 10% más pobre.

Así lo señala el más reciente informe del Banco Mundial, que ubica al país como el de mayor desigualdad de ingresos entre aquellos que pertenecen a la OCDE y el segundo entre 18 países de América Latina y el Caribe.

Estos resultados no son nada promisorios, si se tiene en cuenta que una sociedad cada vez más desigual exhibirá una economía cada vez más débil: disparidades en el acceso a la salud y a la educación, población más vulnerable, capital humano poco preparado, fuerza laboral menos productiva, baja producción del país, y jóvenes que heredan las brechas de ingresos por los efectos de la transferencia generacional de la pobreza.

Mucho tienen que ver las políticas erigidas por los gobiernos de turno. La pertinencia y relevancia de políticas fiscales redistributivas son un punto clave, pues muchas de las exenciones y exclusiones de pago de impuestos (como el IVA) las gozan los más ricos. De esa forma no será posible combatir la desigualdad. Se requiere, como lo han señalado mis colegas en este mismo espacio, transitar por un esquema más sostenible, justo y progresivo.

No cabe duda, sin embargo, que atacar la desigualdad requiere de más acciones que acompañen al mejor uso del sistema fiscal. Un ejemplo claro es el acceso a la educación y la calidad de los procesos educativos. La acumulación de capital humano, la preparación de los más jóvenes (sobre todo en los primeros niveles educativos) y la pertinencia en la formación en distintas dimensiones del aprendizaje, permitirán a los colombianos mayor acceso a la educación superior, al mercado laboral y a las oportunidades en el futuro.

Según el Banco Mundial, es preciso que el país también promueva un mercado laboral inclusivo. Entre los resultados que más sobresalen en el informe están los de la exclusión de distintos grupos poblacionales en diversos ámbitos, entre los que se encuentra la calidad en el trabajo. La informalidad, la baja participación de la mujer y las dificultades de reinserción están a la orden del día. Por ese motivo, reducir las barreras de acceso al trabajo y los trámites burocráticos son acciones que no pueden quedar rezagadas.

Y ni hablar de los efectos del cambio climático, que suele afectar a los más vulnerables.

No basta con solo pensar que la desigualdad no es conveniente. Se requieren acciones contundentes que logren mejorar la situación actual. ¿Qué haremos para salir de esta?

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor, Escuela de Negocios e IDEEAS, UTB.

“Se requiere, como lo han señalado mis colegas en este mismo espacio, transitar por un esquema más sostenible, justo y progresivo”.

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