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Columna

Eduardo Camacho y Leona

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La literatura en general es autobiográfica, en el sentido de que está conformada por pensamientos propios del autor o los de quienes ha conocido, por las vivencias de sí mismo o las escuchadas de la voz de otros, por lo experimentado en su realidad o en la de aquellos que la han compartido. Leona, la novela de Eduardo Camacho Piñeres, tiene muchos de esos elementos que determinan su orientación autobiográfica, aunque más determinantes. Leona es la historia de su época de universitario en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena, abordada desde una ficción en la que se destaca un lenguaje sin lugares comunes, un estilo que facilita la lectura, una estructura en la que se intercala un narrador en primera persona que nos permite conectarnos con la historia como si fuera un hecho real y un narrador omnisciente que narra episodios históricos, como ese que nos muestra a María Cano, la líder de la clase obrera colombiana, supuesta antepasada de la aguerrida Leona, su compañera de estudio y su amor atormentado. Esta es la historia de una juventud del año 1968 y sus románticos ideales políticos expresados en mítines y en citas clandestinas en el Centro Histórico de Cartagena, escenario principal de la historia, aunque el narrador nos traslade también a ambientes provincianos con una descripción bella del campo, del río Magdalena, y nos aproxime a Turbaco, un pueblo fundado en hondonadas. Eduardo Camacho hace narración retrospectiva en el tiempo y el lector puede vislumbrar épocas magníficas de Arenal y su esplendor cuando el ferrocarril hacía de este y de Calamar una fiesta con instrumentos como el piano de cola, los violines importados y el son de orquestas foráneas que interpretaban música bella.

Hay que leer Leona para conocer a un personaje femenino indómito, que seduce por su excelente descripción, y para saber por qué el narrador protagónico la ama y vivirá con la esperanza de que le corresponda alguna vez. “Pero se produjo el milagro con Leona. A su debido tiempo aceptó ser mi novia, aún no sé si por amor a mí o por despecho ante la desaparición de Pedro Dantes”.

Personajes bien delineados que nos permiten sentirnos dentro de una historia que también está escrita con una prosa poética como en este bello fragmento que se cita a continuación: “Las conversaciones íntimas, carentes de ilusión: como letanías rezadas por añosas solteronas bajo el crepuscular ocre de los atardeceres de octubre”.

Eduardo Camacho Piñeres es especializado en Derecho Laboral y en ese centro educativo ejerció la docencia y ocupó el cargo de jefe del departamento de Derecho Laboral. Tiene otra novela publicada con el título de Solo un rizo de cabellos endrinos.

Miembro de la Academia de Historia de Cartagena, juez Laboral del Circuito, magistrado de la Corte Suprema, ha sido Eduardo Camacho.

“Leona es la historia de su época de universitario en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena”.

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