La dominación planetaria pretendida por algunos círculos de poder políticos y económicos mundiales, es solo el reflejo a gran escala de las nacientes e iguales intenciones de los líderes de los primeros humanos conscientes, de hace 200 mil años. En cuanto tomamos conciencia de sí mismos como homo sapiens, vimos que teníamos la posibilidad de influir en los demás e imponer nuestra forma de hacer las cosas, empezando a alimentar la ambición y las ansias de poder.
El orden de las cosas empieza entonces a determinarse por uno o varios individuos que asumen el poder, el que al principio de la humanidad era alcanzado por la fuerza bruta, debido entonces al poco conocimiento y pobre desarrollo de habilidades sociales. Hoy, una de las formas más aceptadas de alcanzarlo, es la democracia representativa, donde es el ciudadano el que decide, a través del voto, quién lo gobierna y de qué forma.
La cosa se complica cuando el poder convierte al demócrata en dictócrata, es decir, que camuflado en la democracia, el líder asume en sus acciones ribetes de abuso mediante la aplicación del axioma maquiavélico de “el fin justifica los medios”. De esta forma y, dependiendo del lado del espectro político en que uno se encuentre, el dirigente puede pasar de ser héroe a villano, o viceversa.
Hace un tiempo en una reunión social en casa de un amigo de ascendencia árabe, recibí una tremenda reprimenda por mi imprudencia de llamar asesino a Yasser Arafat, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de finales del siglo XX, pues vi que el dueño de casa estaba abrazado a él en una foto. Para la comunidad árabe, la causa palestina librada por su héroe era justificada por sus acciones, por sobre la muerte y el sufrimiento de civiles inocentes. En mi visión de la situación, el personaje palestino pasó, por un instante, de villano a héroe.
Otro acontecimiento histórico que ilustra esta premisa es cuando el bombardero Enola Gay soltó la bomba Little Boy sobre Hiroshima, matando a más de 140 mil personas. El argumento del gobierno de Estados Unidos para soltarla fue que la invasión a Japón iba a causar más muertes que la bomba, calculadas por encima del millón de personas. ¿Héroes o villanos?
Hoy estamos contemplando un caso de cambio de visión acerca de un candidato a la Presidencia de Colombia, quien, al parecer a tiempo para el país, está mostrando unas uñas que están haciendo que muchos de sus seguidores lo estén viendo más como villano que como héroe. Ven que sus promesas son loables, pero que sus intenciones y sus formas de llegar a ellas son abusivas, o inviables. Está pasando de héroe a villano. Ojalá unas elecciones transparentes y unos electores conscientes nos alcancen para evitar el desastre.
