Quejas por comida en mal estado, atracos y cobros abusivos colman desde hace semanas los titulares de prensa sobre Cartagena y, además de evidenciar una crisis de gobernabilidad, empañan la tan promocionada marca turística de esta capital.
De hecho, turistas extranjeros comienzan a indagar en redes sociales si vale la pena visitar La Heroica. Al menos cuatro prácticas recurrentes –algunas de ellas violentas— están detrás de esa realidad.
La primera tiene que ver con las quejas por comida en mal estado. Una pareja de turistas holandeses (Nienke Trishna Bawa y Robert Gerrit Kootte) murió la semana pasada por, posiblemente, haber consumido alimentos contaminados.
Entre los restaurantes que la Fiscalía indaga está The Rum Box, ubicado en la Calle del Arsenal, y propiedad de Abraham Dau, hijo del alcalde William Dau, y otros en el Mercado de Bazurto, sobre los que aún no se conocen más datos.
La muerte de los holandeses ha generado cuestionamientos sobre el Dadis, como autoridad sanitaria distrital, para garantizar que los restaurantes cumplan con todas las normas higiénicas y garanticen comida de calidad, máxime cuando en algunas reseñas web se leen quejas por alimentos en mal estado.
La segunda práctica son los cobros excesivos en balnearios. En el último mes se han conocido tres denuncias de sumas millonarias en Playa Blanca, sector de la península de Barú. Ante esos reiterados cobros, voces con influencia nacional, como la de la galardonada chef Leonor Espinosa, le están pidiendo a la Alcaldía “definir unas políticas públicas turísticas” que se cumplan.
El tercer patrón son los atracos a personas y restaurantes en el Centro. El pasado 11 de agosto un turista español fue baleado por un hombre cuando se opuso a entregarle su reloj, mientras caminaba por la Calle Gastelbondo. Ese intento de robo ocurrió tres meses después del asalto a otro visitante en el Restaurante Celele, en Getsemaní.
Más recientemente, a través de Instagram, la cocinera cartagenera María Cecilia Restrepo, reconocida en redes sociales como ‘Aja Chechi’, contó cómo saquearon su cocina oculta.
Restrepo hizo la denuncia pública para pedirles a los cartageneros que tuvieran cuidado, porque el Centro ya no es tan seguro como muchos creen.
Y la cuarta y no menos alarmante práctica incluye el uso de escopolamina. La semana pasada un turista fue víctima de esa sustancia mientras recibía servicios sexuales en un hospedaje en el barrio Marbella, reveló la Policía Metropolitana.
Todos esos hechos –que no son exclusivos de Cartagena– golpean la imagen turística por la que esta capital apuesta desde la década de los 60, y reviven la discusión por el modelo de desarrollo económico local: un esquema en el que los visitantes tienen más derechos que los locales y en el que se privilegió la infraestructura turística por encima del desarrollo de una urbe para los cartageneros.
*Cofundadora de La Contratopedia Caribe.
