La cita de los próximos días con la democracia nos lleva a hacernos muchas preguntas sobre el país que queremos. Quizás una que pasamos por alto es la de qué país queremos para la infancia, no solo para nuestros hijos e hijas, sino para todos los de Colombia. Teniendo en cuenta que los niños y niñas no votan, siento que esta pregunta entraña una responsabilidad muy grande: podemos elegir y votar en favor de su bienestar.
La vida diaria de muchos niños y niñas en Colombia se aleja mucho del lugar de ensueño con el que muchos adultos anhelamos la infancia: un lugar de juego, imaginación, afecto, libre de preocupaciones, un lugar al quisiéramos volver. Sin embargo, prácticamente la mitad de los niños, niñas y adolescentes en Colombia vive en pobreza (cerca de 6 millones): casi seis veces la población de Cartagena. Para los niños y niñas más vulnerables de nuestra ciudad, la infancia es un lugar de carencias y de falta de derechos: no todos tienen qué comer, dónde dormir, ni están protegidos contra las violencias. La niñez es además la población más pobre, por encima de los jóvenes, los adultos y los adultos mayores.
Las cifras para Bolívar no son más alentadoras: cerca del 30% de los niños y niñas en el departamento vive en hogares en pobreza extrema, se trata de familias que no tienen los mínimos para garantizar lo que debería comer un niño en un día para suplir su déficit calórico, niños y niñas que deben subsistir con 220.000 pesos al mes.
Sin acciones decididas para frenarla, vemos que la pobreza es como una tragedia que se repite y se trasmite entre generaciones. Niños y niñas que nacen en hogares con pobreza no se alimentan como deben, sufren desnutrición crónica, lo que no les permite crecer y aprender bien en el colegio; muchos viven en entornos donde hay violencia, sea en sus casas o en sus comunidades; algunos deben dejar de estudiar y empezar a trabajar para conseguir lo mínimo, y son más vulnerables a formas de explotación y abuso. Sabemos que el problema que afecta a Cartagena de explotación sexual de niñas y adolescentes tiene mucho de sus orígenes en situaciones de precariedad y falta de protección ante la violencia.
Por esto, es considero muy importante analizar los programas de gobierno y ver quién hace propuestas que contribuyan con soluciones concretas a enfrentar problemas tan graves como el de la pobreza infantil en Colombia.
UNICEF Colombia ha hecho una tarea juiciosa de priorizar cuatro temas claves que debería, como mínimo, incluir un programa de gobierno que priorice a la niñez: la pobreza es uno de ellos, pero no es el único. También se habla de la crisis de aprendizaje, pues los niños y los adolescentes no están aprendiendo a leer bien, no logran entender lo que leen. Otro es la protección ante violencias, porque muchos niños y niñas no están a salvo ni en sus comunidades, colegios y hogares. Las graves violaciones en el conflicto armado vienen en aumento desde 2019, pero también hay unas cifras espantosas de violencias cotidianas: cada 30 minutos, una niña o un niño sufre violencia sexual, mientras que cada 10 minutos sufren algún tipo de violencia física o psicológica.
Empezar la vida en pobreza, sin derechos básicos y expuesto a la violencia inevitablemente pone en desventaja y limita el potencial. Y si lo miramos en una escala mayor, afecta el potencial colectivo del país. Es hora de que la niñez, reconocida constitucionalmente como prioridad nacional y base del desarrollo, pase de ser una promesa recurrente en los discursos para convertirse en una prioridad real y eso exige decisiones, políticas públicas efectivas, recursos y voluntad política. En nuestro voto tenemos un instrumento poderoso para contribuir a este propósito.

