Un biólogo experto señaló en alguna ocasión, que el manglar interno y los cuerpos de agua de Cartagena, son como el pulmón o el corazón de la ciudad. Esto nos lleva a reflexionar sobre la importancia que representa el cuidado de estos.
La ciudad posee un sistema hídrico que la atraviesa en toda su extensión, compuesto por caños, lagos, lagunas, ciénagas, bahías y el subsistema artificial de los canales. Sin embargo, la realidad que se vive en cuanto al sostenimiento y preservación del sistema es alarmante.
Esta problemática obedece a factores que han desencadenado toda una crisis ambiental y de salubridad; urbanización desmedida, asentamientos humanos ocupando los cuerpos de agua, dificultad de dar un manejo adecuado a los residuos sólidos, desechos industriales, la falta de un plan integral para la recuperación del sistema, turismo no controlado, el no tener un Plan Maestro de Drenajes Pluviales, que permita minimizar, corregir y evitar los efectos de las lluvias en las cuencas hídricas de la ciudad y particularmente, la acentuada falta de conciencia ambiental en buena parte de la ciudadanía cartagenera, sin dejar de lado los problemas socioeconómicos, como la marcada pobreza de la ciudad.
Todo lo anterior debe ser prioridad en cualquier administración, entendiendo que exige una inversión pública de gran proporción.
Recuperar y conservar este sistema no es solo una exigencia ambiental, sino la conveniencia de proyectar a Cartagena como una ciudad de cara al agua, sus privilegios naturales son una gran oportunidad. Ciudades como Venecia, Ámsterdam, Hamburgo, han comprendido que este recurso es un motor económico y fuente de calidad de vida para sus habitantes. Cartagena pareciera estar lejos de ser como estas urbes, aunque sus condiciones geográficas no son tan distantes; el problema radica en comprender lo que tenemos y qué hacer para aprovecharlo de manera estratégica y sostenible.
De esta comprensión parte el crear esa cultura e identidad en los cartageneros basada en el respeto y la conservación del sistema, acompañada por supuesto de la inversión pública en lo estructural.
Mi invitación es a entender que todos somos parte del problema y a su vez de la solución, por ello adquiramos saberes y emprendamos pequeñas acciones que, sumadas, nos puedan llevar a construir la Cartagena que soñamos.
*Concejal de Cartagena.
