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Columna

Espántenme la gallina que me friega la paloma

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La tormentosa separación entre Shakira y Piqué nos debe llevar a reflexionar seriamente en la impunidad moral que la fama elabora, construye y establece en el tejido social, apalancada por la influencia de las redes sociales y el manejo de imagen de los famosos.

El imaginario social vive de percepciones, y estas, se construyen en el mundo de la información, a partir de matrices informáticas que distorsionan el mundo real.

Es tan infame esta impunidad, que a nuestros ídolos, los vemos como dioses, infalibles. Casos abominables, como el del genio, Albert Einstein, contra su esposa Mileva Marić y sus hijos, permanecen guarnecidos por la historia; no obstante, haber recibido el trato más cruel e inhumano por parte del Nobel.

La aplaudida venganza de Shakira, su bullying hacia Piqué y Clara Chía Martí, en un trabajo discográfico de ventas multimillonarias, es otra muestra más de lo que sucede en el mundo digital.

Las víctimas de este triángulo de amor, para nuestro concepto, contrario a lo que todos piensan, empujados por la popularidad y fama de Shakira, son Clara y Piqué, especialmente, Clara.

Para la cantante, los amoríos, el matrimonio y ahora su separación, desde el punto de vista comercial, han sido el mejor negocio de su vida. Por el contrario, a Piqué, la llegada de Shakira a su vida, comenzó a marcar su declive como deportista, y últimamente, su ruina moral.

El día que Shakira fijó sus ojos en Piqué, porque así se deduce de su historia de amor, sabía dos cosas: que era 10 años mayor que él, y que se trataba de un deportista de alto desempeño. Lo primero, tiene sus inconvenientes, pero no sería tan determinante en la relación; pero lo segundo, sí que lo era. Una mujer de farándula, de giras y escenarios, de fiestas y cocteles; frente un hombre de disciplina, de entrenamiento, concentraciones y restricciones alimenticias y sexuales, so pena de arruinar su carrera como futbolista.

Estas circunstancias fueron forjando una vida en paralelo de la pareja que, poco a poco, se fue bifurcando, como un punto de fuga, hasta perderse en el infinito. Se acabó el amor.

¿Qué es lo que no ha entendido Shakira?, que repase el cancionero de José José, que se debe aprender de memoria: Porque llega a ser rutina la caricia más divina... el amor acaba; porque nada es para siempre... que hasta la belleza cansa... el amor acaba

Ridiculizar al padre sus hijos y convertirlo en burla en el mundo digital es poco maduro para una loba, como se autoproclama en la canción y de paso, le hace un daño tremendo a sus niños. Escogió a un novato, a un hombre con compromisos con el fútbol, no a un jornalero del amor.

¿Y de Clara qué? Qué podemos decir, simplemente, se enamoró. Fue capaz de meter su amor por los resquicios de una relación fría, distante y fabricada a punta de conveniencias. Pero la muchacha ha perdido la tranquilidad, el matoneo no cesa contra ella, como la paloma en el cancionero vallenato, agobiada por la gallina de doña Ramona (Shakira), ya ni se asoma.

Hablamos con ciencia de lo dicho, tuve una relación con una mujer bastante joven, de donde nacieron dos hermosos y ejemplares hijos; pero a diferencia de Shakira, la loba, fui un lobo domesticado que, desde el día que engatusé su amor, sepulté mi derrota. Así, cuando llegó el momento del adiós, sin rencores, lo hicimos al estilo Jalisco.

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