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Columna

ONTOCRACIA, el gobierno del ser

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Etimológicamente viene de ontos -ser-, y cracia -poder-. Su significado es: el poder ejercido por el propio ser. Es la soberanía ejercida, no sobre un territorio, sino sobre la persona misma, cuando, en una epifanía, esa persona se da cuenta de su autonomía, de su libertad como individuo. Se autoobserva y ve que no tiene por qué seguir atado a un sistema religioso, social, económico, político o cultural, sobre todo cuando ese sistema lo mantiene subyugado, esclavizado a normas y patrones de conducta que van muchas veces en contravía de sus pensamientos, creencias, voluntad y aspiraciones.

Una vez obtuvimos la razón y la conciencia de sí mismos hace unos 200 mil años, cuando -según científicos- éramos unos 30 mil homo sapiens, empezamos a construir culturas y civilizaciones. A través del tiempo desarrollamos sociedades cada vez más complejas y organizadas que nos permitieron tener más seguridad, tanto física como alimentaria, esta vez ya no de forma instintiva como los animales que éramos, sino como seres pensantes, como seres humanos.

Hoy, en el año 5784 judío, 4720 chino o 2023 cristiano, somos más de 8 mil millones, organizados en países y culturas, con una gran diversidad y riqueza de costumbres y creencias, tratando de mantenerlas en equilibrio, pero que, esporádicamente, fracasamos en el intento, y es cuando sobrevienen los conflictos y las terribles guerras. Llevamos miles de años matándonos por imponer nuestra forma de pensar y vivir a los demás pueblos y personas, creyéndonos los dueños de la verdad, apoderándonos de territorios y bienes ajenos, la mayoría de las veces solo por miedo a no seguir un líder que nos brinda seguridad, pero que por pensar o sentir diferente a ellos no queremos continuar siguiéndolos.

No es difícil intuir que la humanidad está entrando en una etapa de cansancio. Hay una sensación generalizada de que algo no anda bien; de que se necesita un cambio de paradigma global. Hace 500 años el planeta tomó consciencia de su globalidad territorial al “descubrirse” el último gran continente, América. Hoy vivimos en un mundo cada vez más entrelazado, pero que sigue bastante desintegrado.

La ontocracia no se trata de llevar la contraria a la sociedad, sus normas y patrones. No invita a la sedición ni a la rebeldía contra el sistema. La ontocracia es tomar posesión del ser, es adquirir consciencia de la libertad de elegir, de decidir sobre el pensamiento y las acciones, de apartarse de lo que no vibra con nuestra esencia como individuos, de integrar las diferencias; y va más allá: es asumir la responsabilidad de no continuar alimentando las estructuras perversas de la sociedad, cuyos efectos esclavizantes nos mantienen insatisfechos e infelices, y entender que somos partícipes activos de la creación de una nueva humanidad, que viva en paz consigo misma, con la naturaleza, con Dios.

Votemos bien. Ejerzamos nuestro poder con responsabilidad.

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