A la luz de los resultados obtenidos por Colombia en las pruebas PISA de 2022, las cuales miden de manera estandarizada el aprendizaje efectivo de competencias mínimas en matemáticas, lectura y ciencia para estudiantes de secundaria alrededor del mundo, quisiera traer a la conversación pública los resultados del libro “Desigualdades regionales en la educación colombiana”, recientemente publicado por Adolfo Meisel y Angela Granger, sus autores.
El libro llama la atención sobre el peso que tienen en Colombia las inequidades regionales y socioeconómicas en el acceso a educación de calidad, las cuales se traducen en brechas en el aprendizaje de los niños y jóvenes, y en un futuro incierto para ellos en el mercado laboral.
Los autores encuentran, para el periodo 2012-2020, grandes brechas en el desempeño en las pruebas Saber Pro, a favor de los estudiantes formados en la región Andina. También señalaron que, entre 2017 y 2020, en Bogotá solo el 1% de los estudiantes de grado 11 asistieron a un colegio de categoría D, la cual se define como la categoría de calidad más baja según el Icfes. En contraste, en el Chocó más del 80% de los estudiantes en grado 11 asistían a colegios en dicha categoría y en el Caribe, en promedio, el 44% de los estudiantes lo hacían.
Aún más preocupante es identificar que estas brechas en calidad entre las regiones y distintos niveles socioeconómicos han aumentado en los últimos 20 años y potencialmente empeorando debido a los cierres de escuelas oficiales durante dos años por el paso de la pandemia y la imposibilidad de los hogares de bajos ingresos para acceder a clases virtuales por falta de conectividad a internet y computadores.
Otro aspecto importante del libro es el papel de los docentes en la calidad educativa. Aquí se plantea que, en 2020, había en el país aproximadamente 450 mil maestros para 9.8 millones de estudiantes. A pesar de que el 71% de los maestros estaban vinculados al sector oficial, la razón de alumnos por docente fue de 16 estudiantes por maestro en las instituciones privadas y de 24 en las públicas. Por regiones, en el Caribe esta razón en instituciones oficiales oscila entre 26 a 28.
Llaman la atención las grandes disparidades en calidad de la educación que enfrenta un joven solo por nacer fuera de la región Andina. Sorprende aún más que el castigo es doble si el estudiante no nació en un hogar con los privilegios suficientes para costear una educación privada de alta calidad. Esta cadena de desigualdades trunca injustamente el futuro de los estudiantes de bajos ingresos formados en la periferia del país.
Así, la falta de una educación de calidad en Colombia tiene un alto costo para el progreso del país, debido a que impide el pleno desarrollo del potencial de millones de personas.
Es ineficiente no invertir en educación de calidad. Aún más, es inmoral no hacerlo.
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