¿A quiénes nos referimos cuando hablamos de mujeres y derechos? A propósito del 8M, quiero empezar con este interrogante que le escuché a mi querida amiga y colega, la escritora Teresa Asprilla, porque esta sociedad está llena de estándares.
Estándares que invisibilizan dinámicas y realidades distintas, que están lejos de dividir el movimiento y que lo hacen más diverso.
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Cajibío
“El feminismo será antirracista o no será” es un discurso que en la práctica no se lleva a cabo. El feminismo será antirracista cuando se entienda que las mujeres no parten desde un mismo punto. Un feminismo que no hable de la brutalidad policial y del despojo territorial que sufren las comunidades indígenas es, sin duda, un feminismo incompleto. Y esto se vio desde un principio en el movimiento, cuando las mujeres blancas estaban luchando por salir de la cocina y las negras por salir de las plantaciones de labor; cuando el derecho al voto solo fue exclusivamente para mujeres blancas.
El feminismo blanco ha de universalizar la experiencia de la mujer ignorando muy descaradamente las opresiones que atraviesan a las mujeres de comunidades indígenas y afrodescendientes, esto ha llevado que se generen otras corrientes, como por ejemplo: el feminismo decolonial, el afrofeminismo, el feminismo comunitario indígena, entre otros, que buscan romper con la hegemonía de un feminismo centralista.
El feminismo debe ser interseccional. No me gusta la palabra igualdad, así que no la pienso usar, pero volviendo a la idea principal, no se puede hablar de equidad de género sin considerar cómo se cruzan otras formas de discriminación, como el racismo, la xenofobia, la homofobia y el clasismo. Las mujeres afrodescendientes e indígenas han creado agendas propias donde el centro, no es solo el machismo, sino la represión policial, la falta de buena representación política y la violencia estructural de Estado. Un feminismo verdaderamente inclusivo debe escuchar estas voces y descentralizar el poder dentro del movimiento.
Creo que la tarea es construir un feminismo que no solo se declare antirracista, sino que actúe en consecuencia: revisando las dinámicas internas de exclusión, reconociendo la lucha contra el colonialismo, el clasismo y la supremacía blanca; escuchando las voces de las mujeres racializadas e indígenas, para poder caminar juntas. El feminismo solo será antirracista cuando deje de ser una lucha fragmentada, solo así dejará de representar una única realidad.
Dejo esta reflexión de una de mis escritoras favoritas, Audre Lorde: “No existe una lucha única contra una opresión única. Hay muchas luchas y todas están conectadas”.