En sus inicios, las empresas tienen más preguntas que respuestas, grandes expectativas y mucha hambre de crecer, posicionarse y ser reconocidas. Algunas de sus historias irrumpen con fuerza y nos recuerdan que detrás del logro de esos objetivos hay una ruta de sacrificios invisibles para la sociedad.
El caso de Cam Booser, hoy pitcher de los Chicago White Sox, es quizá una buena analogía. Igual que para muchos empresarios, los inicios deportivos de Booser transitaron un camino de poco éxito y de obstáculos que superar: lesiones y situaciones personales a nivel emocional difíciles de gestionar, que lo alejaron del béisbol profesional y lo llevaron a dedicarse a la carpintería por un par de años, mientras todavía soñaba con llegar a las Grandes Ligas.
El respaldo económico para dar los primeros pasos no está siempre presente en las empresas, así como las lesiones y secuelas no respaldaban a Booser para enfrentar las exigencias que imponen las grandes ligas. Al principio las ideas pueden no parecer innovadoras para los mercados, así como tal vez muy pocos creían realizable el sueño de Booser. Sin embargo, en algo se parece mucho Bosser a empresarios que hoy tienen éxito: mantuvieron intacta su visión y, aunque a simple vista no eran comprendidos por las masas, luchaban con firmeza para hacer posible lo que otros verían imposible.

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Hans BlumenthalCumplidos los 31 años, Booser llegó en 2023 a los Boston Red Sox. Para algunos con una edad demasiado avanzada, pero para otros un referente del béisbol profesional de las Grandes Ligas que hasta hace poco no contaba con el reconocimiento o los aplausos por su buen trabajo. En el mundo deportivo, así como en el empresarial, surgen situaciones que no se pueden controlar y que son fuente de incertidumbre en la toma de decisiones.
Por esa razón se requiere una visión definida que evite caer en la tentación de las sirenas: escuchar diversas voces que no están alineadas a la visión debilita todo aquello que se requiere para superar los obstáculos que se encuentran en el camino. Mantener una filosofía silenciosa pero contundente hace parte del proceso y será determinante del futuro, sea este empresarial o deportivo.
No hay fórmulas mágicas ni gurús motivacionales que superen a la constancia y al aprendizaje de los errores. La obsesión que con frecuencia surge alrededor de dar el gran golpe, el “home run” con bases llenas, hace olvidar que cada primer paso y cada pequeño logro suma. Booser nos recuerda que las metas no siempre se alcanzan a la primera o a la segunda; pero que una visión declarada y abrazada por todos los miembros de la organización es imprescindible para tal propósito.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
