El síndrome de alienación parental (SAP) es un fenómeno profundamente doloroso que afecta a niños, niñas y adolescentes inmersos en conflictos de separación o divorcio. Aparece cuando uno de los progenitores, consciente o inconscientemente, influye negativamente en la percepción que el hijo tiene del otro progenitor, generando rechazo, miedo o desprecio injustificado. Esta manipulación emocional suele tener consecuencias devastadoras en el desarrollo psicológico del menor, así como en la relación con el progenitor alienado.
Aunque el SAP no está reconocido como un trastorno clínico por la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría -algunos trastornos admitidos hoy no lo estuvieron antes: el Trastorno de Estrés Postraumático fue aceptado solo hasta 1980- sigue esperando ser admitido, como lo hacen también los síndromes de Mounchausen, BurnOut, Estocolmo, etc.
La existencia del SAP ha sido ampliamente debatida en ámbitos jurídicos y psicológicos. Lo que no se puede negar es el impacto de esta dinámica familiar disfuncional en la salud mental del menor afectado; quien suele presentar, síntomas de ansiedad, depresión, baja autoestima y dificultades para establecer vínculos afectivos sanos en el futuro. Además, el progenitor alienado experimenta una forma de pérdida profundamente emocional.
La raíz del SAP suele estar en el conflicto no resuelto en parejas de adultos separados, donde el hijo se convierte en un instrumento de venganza o control. Esta instrumentalización del menor no solo vulnera sus derechos, sino que lo deja en una posición de lealtades divididas, generando una carga emocional para la que no está preparado. En muchos casos, el niño repite discursos negativos sobre el progenitor alienado sin comprender su origen, lo que evidencia la manipulación a la que ha sido sometido.
Combatir el síndrome de alienación parental requiere un enfoque multidisciplinario que incluya intervención psicológica, psiquiátrica y judicial. Es fundamental que los sistemas legales y de protección infantil reconozcan los signos de alienación y actúen en favor del bienestar del menor, priorizando su derecho a mantener una relación sana con ambos progenitores.
En conclusión, el síndrome de alienación o de interferencia parental es una forma de maltrato infantil que deja cicatrices profundas. Reconocerlo, prevenirlo y tratarlo es una responsabilidad compartida entre padres, profesionales y sociedad. Solo así podremos proteger a los niños de una herida invisible que, si no se atiende, puede acompañarlos toda la vida.
Lamentablemente la Corte Constitucional, en la sentencia T-526 del 2023, aparentemente tomó partido por un argumento reduccionista: “Reproduce estereotipos de género y estigmatiza a las progenitoras”, sin tener en cuenta que en la práctica clínica no solo puede perjudicar a progenitoras, sino también a progenitores. La Corte no tuvo en cuenta que las únicas víctimas reales son los menores, cuyos derechos que son de interés superior se ven afectados.

