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Columna

Venezuela: demencia y geopolítica

“Estoy del lado de quienes condenan por igual las tiranías de derecha e izquierda. Sueño con una Venezuela y América Latina libre de ambas”.

GERMÁN DANILO HERNÁNDEZ

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Es comprensible el regocijo que buena parte de los venezolanos dispersos por el mundo y en su territorio sienten por la caída de Nicolás Maduro, quien de manera ilegítima se había aferrado al poder desconociendo de manera reiterada los principios democráticos y el sufrimiento de sus compatriotas; pero la solidaridad con esa euforia no implica aceptar la brutal agresión de Estados Unidos contra suelo latinoamericano.

La Carta de la Organización de las Naciones Unidas obliga a los países a “abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra otros Estados”. Por ello muchas voces en el mundo califican como ilegal y abusiva la incursión militar, que conllevó a la captura del dictador, y a la declarada intención del presidente Donald Trump de apropiarse de los recursos energéticos de Venezuela y asumir el manejo del país, en un claro desprecio por el derecho internacional.

El desplante hecho por Trump a la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, a quien descalificó para orientar la transición democrática en su país, después de la agresión que ella misma instigó, evidencia que sus prioridades no son la defensa de la democracia, la justicia, ni la lucha contra el narco terrorismo, sino la apropiación ilegal del petróleo y la conquista de territorios estratégicos, desde una perspectiva imperial de la geopolítica.

Mientras los escenarios políticos y las calles de muchas naciones, inclusive en el mismo Estados Unidos, se convulsionan por el rechazo a la regresiva intervención militar, sorprende que numerosos colombianos, convertidos en ‘neotrumpistas’, no solo aplaudan la agresión, sino que imploren por una acción similar en Colombia.

Ante ese escenario, no sería descabellado imaginar la incursión en Cartagena de aviones y helicópteros norteamericanos, desde los cuales se bombardee la Base Naval de Bocagrande, la Escuela de Cadetes en Manzanillo, el Aeropuerto Rafael Núñez y la Zona Industrial de Mamonal, mientras un comando Delta captura en la Casa de Huéspedes al presidente Gustavo Petro, con saldo de decenas de muertos militares y civiles, como ocurrió en Caracas. ¿Los trumpistas locales saldrían a celebrar al día siguiente sobre las cenizas de la ciudad?

Poco se puede esperar de la sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los miembros permanentes de éste tienen derecho al veto; con uno solo que se oponga, ninguna resolución puede ser aprobada. Estados Unidos, país agresor, funge entonces como juez y parte, por lo que bloquea cualquier condena a su agresión y eventuales sanciones en su contra.

Expertos y neófitos no descartan una eventual concertación de Estados Unidos con Rusia y China para una estratégica, pero demencial distribución del poder global, en que cada una de esas potencias tenga sus propios espacios de libertad expansionista conforme a sus propios intereses. Aunque de poco servirán los intensos debates y análisis que se hacen sobre el tema desde los medios de comunicación hasta los grupos de WhatsApp, estoy del lado de quienes condenan por igual las tiranías de derecha e izquierda, como las agresiones externas a un país soberano. Sueño con una Venezuela y América Latina libre de ambas.

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