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Columna

Priorizar

“Las vías, de por sí insuficientes y estrechas, están llenas de un parque automotor desbordado...”.

MARTHA AMOR OLAYA

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En una vida precarizada, priorizar es una habilidad elemental, inclusive de supervivencia. Si el dinero alcanza para comida o vestido, se elige comida. Si alcanza para comida o salud, se atiende la salud. O se intentaría. Porque cuando los servicios de salud son inaccesibles, ni siquiera existe la elección. Solo queda esperar a que el sistema responda. Y si responde, llega otra carga: el peso del privilegio. Saber que otros no tuvieron la misma suerte, que murieron o los dejaron morir lentamente, es horrible.

La salud, la vivienda digna, la alimentación, el agua, el vestido son derechos básicos para todos que el Estado debe garantizar, pero también entendemos que hay otro tipo de derechos y con ellos, otro tipo de decisiones que tomar frente a los recursos públicos en el marco de un gobierno que se tilde de eficiente.

He percibido una serie de obras que para una ciudad como Cartagena son bastante cosméticas y dentro del listado de prioridades, son como si, optáramos a morir de hambre por comprarnos una crema para las arrugas.

El malecón del mar y su rueda de la fortuna tienen un argumento defendible: más espacio público. Sin embargo, el propio exsecretario de Planeación recordó que la densidad poblacional determina dónde se requiere más equipamiento, movilidad y espacio público. Mientras en Bocagrande, Manga, Crespo o Marbella el espacio público efectivo es mayor, en sectores del sur apenas llega a 2 m² por habitante, incluso menos.

Si la argumentación es el turismo, solo diré que la ciudad se ha quedado bastante pequeña para la demanda. Incentivarlo no debería ser prioridad cuando la movilidad y el equipamiento urbano son insuficientes y caóticos. A pesar de nuestros innegables atractivos, la experiencia para el visitante está muy afectada por estos y otros asuntos que le duelen más a los propios.

En diversas calles de Cartagena encuentras hileras de autos y motocicletas parqueados en la vía, porque no hay parqueaderos. No se les exige a los constructores ni a nadie hacerlos, fortaleciendo así el negocio implacable de los pocos parqueaderos privados que cobran lo que quieren.

Las vías, de por sí insuficientes y estrechas, están llenas de un parque automotor desbordado, inculto, desordenado, que irrespeta todas las normas de tránsito y que no tiene una autoridad que los detenga. Invertir en ampliar las vías, en educación y cultura ciudadana, y obligar a constructores o establecimientos de comercio a hacer parqueaderos son demandas viejas.

La movilidad y el transporte público son esenciales para la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, y seguro los turistas también lo agradecerán.

De acuerdo con Cartagena Cómo Vamos (CCV) solo el 20 % usa Transcaribe y más del 40% usa transporte informal. Mucho por analizar.

¿Qué pasa con el control, el ordenamiento territorial, la planeación de acuerdo a la proyección del crecimiento demográfico y urbano, en la permisividad y amplitud para las inversiones u obras que, en lugar de resolver los problemas existentes, lo agrandan o generan nuevos?

Prioridades, existen prioridades. Por algo, en la encuesta de CCV solo el 35% de los ciudadanos dicen que la ciudad va por buen camino. Las mayorías la tienen clara, aunque los medios y unos pocos digan otras cosas.

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