En estos días, el nombre del exmandatario colombiano Andrés Pastrana vuelve a resonar con fuerza en Colombia. No ha sido por alguna decisión política, sino por algo incómodo y oscuro de su pasado: su nombre mencionado bastantes veces en documentos relacionados con el caso de Jeffrey Epstein.
El escándalo alrededor de Epstein no es algo nuevo, es un tema muy controversial a nivel mundial. El magnate financiero y agresor sexual infantil estadounidense fue acusado y procesado en 2005 por la justicia federal de los Estados Unidos por delitos sexuales que involucraban a menores de edad, y tras su suicidio salieron miles de documentos judiciales, correos electrónicos y registros de vuelo. En dichos documentos, aparecen gran cantidad de nombres de presidentes, empresarios, políticos, personas de la realeza y figuras públicas de diferentes partes del mundo. Entre esos nombres, figura el del expresidente de Colombia Andrés Pastrana mencionado una gran cantidad de veces en registros asociados al entorno social, político y oscuro al que pertenecía Jeffrey Epstein.
Es muy fundamental decirlo y hablarlo con mucha precisión, pero que un nombre de una figura pública o natural aparezca en documentos no equivale a una automática culpabilidad judicial, pero cuando son documentos que involucra una red que operó bastantes años reclutando forzadamente a menores de edad para explotarlos sexualmente, da mucho que desear y pensar públicamente como sociedad, la sola mención allí no deja de ser un detalle menor. Epstein durante décadas logró construir una red de contactos que incluía figuras del poder económico y político internacional. Mientras iba cultivando cada vez más contactos de élites globales, operaba un sistema de reclutamiento forzado en menores de edad, lo cual hoy está ampliamente documentado en procesos judiciales. En resultado de todo esto, nos demuestra que tener demasiado dinero y amigos “poderosos” crea una barrera de protección que permite a criminales como Epstein evitar a la justicia por mucho tiempo.
En medio de todo este escándalo aparece la controversia alrededor de Pastrana. El exmandatario colombiano afirma que sus interacciones con Jeffrey Epstein fueron únicamente como “contextos formales”. El exmandatario había hecho 2 viajes en el “Lolita express”, de esa forma se referían al avión privado que varias veces tenía como destino la isla de palm beach en donde Epstein tenía montado un lugar para abusar sexualmente de menores de edad. En agosto de 2019 este suceso se volvió más visible e investigado. Pero es que en esa época el presidente, quien ahora niega completamente todo, reconoció que se había montado 2 veces en ese avión privado. Aquellos viajes se realizaron entre el 20 y 21 de marzo del 2003, un año después de que había dejado la presidencia. Pastrana ahora niega que hubiera llegado hasta Palm Beach. También apareció hace poco un tercer vuelo que sería hacia Cuba, en una invitación hecha por Fidel Castro.
Más allá del ruido que causa los nombres de la elite global que aparecen en dichos documentos, hay una realidad que se esconde en una cortina de humo y son las victimas que fueron reclutadas y abusadas. Detrás de cada red de abuso, que cometió Epstein, hubo un niño o niña que fueron engañados, manipulados o llevados a la fuerza a un lugar donde su inocencia y su niñez quedarán en vano de por vida. Muchos de ellos venían con un contexto de pobreza, abandono, sin acceso a la educación o falta de protección estatal, lo que los hizo mucho más vulnerables frente a hombres con corbata y mucho dinero. Pensar en estas inocentes víctimas, no es un acto de empatía sino una obligación moral.
Para mí es inevitable formularme la pregunta de cuál es la razón de que estos casos vuelven a ser tendencia ahora. Es completamente válido que salgan a la luz, pero no deja de llamarme la atención de que salgan en momentos en que nuestra sociedad afronta problemas a nivel mundial y les den más importancia a temas del pasado. A veces parece que cuando se reabre algo del pasado, se forma una cortina de humo para evadir y mostrarle al mundo lo que realmente afronta nuestra nación. Recordar no puede ser únicamente un ejercicio de memoria y reflexión. Si el pasado se queda ahí en el archivo, en el documento o en la noticia, no nos sirve de absolutamente nada. Porque muchos de los miles de responsables nunca han sido puestos frente a la ley porque siguen teniendo “poder y influencias” y eso no debería seguir pasando. Lo que quiero dejar claro es que hablar de aquel oscuro pasado no es quedarnos allí, es preguntarnos que tanto hemos cambiado realmente. La memoria sin justica queda incompleta.

