La empresa Anthropic acaparó otra vez titulares al divulgarse que, dadas las extensas e inquietantes capacidades de su nuevo modelo Claude Mythos, este no se compartiría con el público sino en exclusiva con los gigantes tecnológicos que ya detentan el grueso de una infraestructura cognitiva hegemónica. El hecho indica que la fragmentación ontológica está siendo aprovechada políticamente, intuyéndose que su actual límite lo dicta una crisis energética latente —y cada día más patente— cuyo fantasma motiva la exaltada belicosidad de estos tiempos. Con la claridad de que ya no existen realidades completas ni agencia individual operativa que valga, se impone el escrutinio de formas de organización distribuida para afianzar la imprescindible legibilidad entre componentes diluidos en opacidades propias, mutuas y transitorias.
La flora y fauna registran múltiples ejemplos de organismo colonial, siendo el aguamala o carabela portuguesa —el sifonóforo Physalia physalis— uno de los más asombrosos y feraces en extrapolaciones útiles para lo concernido. Aunque opera y emerge como unidad completa, el aguamala está integrada por individuos incompletos y altamente dimorfos —llamados zooides— que poseen funcionalidades complementarias e interdependientes, supeditados todos ellos a una regulación distribuida en la ausencia trascendental de un ente rector centralizado. Genuino lipograma biológico organizado alrededor de un vacío, el aguamala arroja metáforas aplicables al estado ontológico contemporáneo: se evidencia una red de agentes incompletos —humanos, artificiales, híbridos e hipotéticos— inmersos en una estructura líquida regida por interdependencias que ningún agente reconoce. En la lipontología vigente, cada uno de los “cognoides” de la colonia sigue convencido de ejercer autonomía y completitud epistemológicas, a diferencia de los zooides del aguamala cuya más elemental supervivencia depende de su simbiosis.
En el aguamala, la coherencia sensorial —luego cognitiva, fenomenológicamente— no requiere cerebro, sino que surge de la integración cruzada entre zooides especializados que operan bajo restricciones distribuidas. De esta biología de la percepción expuesta resulta un modelo instrumental: un sistema donde la traducción sinestésica mantenga la unidad cognitiva entre agentes humanos y computacionales sin jerarquías hegemónicas. En los modos de Spinoza, la noción individual es constructo temporario, desprendiéndose incluso el monismo del hecho de que todos los zooides salen de un único huevo de aguamala. El advenimiento de lo post-individual exige el estudio de diversos modelos no unitarios preexistentes, para cernir con mayor nitidez las características indispensables del instrumento epistemológico adecuado, acercándose a la definición de un primer prototipo.
