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Columna

Nuevas realidades

“Las inversiones son cuantiosas, billonarias, capaces de transfigurar penosas realidades…”.

Eduardo García Martínez

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Cartagena está en franco proceso de transformación. Lo hace posible el liderazgo y la disposición política y administrativa de quien maneja el gobierno de la ciudad. El 1 de enero de 2024 se posesionó como alcalde el abogado Dumek Turbay Paz, quien llegó al cargo respaldado por la mayor voluntad popular en la historia de esta ciudad cinco veces centenaria /159.524 votos/. Aquel apoyo en las urnas se debió, en buena parte, a las propuestas de quien, en plena campaña por la Alcaldía, expresaba la necesidad de romper los esquemas de la medianía y el conformismo, para dar paso al pensamiento de la acción en grande, lo que permitiría enderezarle el rumbo a una ciudad que atravesaba momentos de creciente incertidumbre.

El mensaje caló en la mayoría ciudadana, que, como el líder, anhelaba cambios profundos que permitieran construir una nueva realidad para Cartagena, que había caído en la postración bajo la conducción de una anquilosada dirigencia. La transformación, entonces, dejaba de ser una propuesta para convertirse en un desafío que habría de encararse sin tardanza. Así ha sido. Dos años y cuatro meses después el avance es notable. Ampliamente satisfactorio. Esos logros son visibles en diferentes sectores del territorio citadino. Las inversiones son cuantiosas, billonarias, capaces de transfigurar penosas realidades. Nuevas y relucientes calles que antes eran barrizales, parques que se habían convertido en vergüenzas ahora invitan al disfrute, nuevos y remodelados hospitales y clínicas, amplios espacios para el deporte, la recreación y la divulgación y promoción de la cultura, enlaces e intercambiadores viales que comienzan a hacerse realidad, instituciones educativas modernas, funcionales y capaces de formar y transformar mentalidades, obras en el sector turístico que darán otras dimensiones a la ciudad como destino de importancia global. Todo ello, por supuesto es factor esencial para la recuperación de la confianza extraviada, generar orgullo por lo propio, moldear una cultura de la revaloración del nuevo ser social cartagenero.

¿Falta mucho por hacer? Por supuesto. La transfiguración apenas comienza. Y tiene muchas aristas. Hablamos de un proceso, y como tal, de una empresa de presente y de futuro, de años, de décadas, si se quiere. Apenas se colocan las primeras piedras de una empresa de gran aliento que requiere de continuidad para lograr desarrollo económico y social, equidad, competitividad. Es preciso recordar que Cartagena se estaba convirtiendo en una ciudad inviable, y que sacarla de ese atolladero necesitará de mucho esfuerzo, de recursos cuantiosos, de voluntades compartidas. Las mezquindades, que son cosa distinta a los disensos, no tienen cabida en una cruzada de esta naturaleza.

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